Antes creía que me haría mayor poco a poco,

año tras año (…). Pero no.

Uno se hace adulto de golpe y porrazo.

Haruki Murakami

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Estimado lector, gracias. Los discursos del Pejelagarto ya no convencen a nadie, a pesar de la fuerza de la repetición, por el contrario, son fastidiosos para quienes seguimos la mañanera, la mayoría de sus frases vienen de hace 21 años cuando fue jefe de Gobierno de la Ciudad de México, entonces era un político combativo, cercano a la gente, su discurso de “por el bien de todos, primero los pobres” capturó las miradas de propios y extraños en un país al que los priistas habían prometido administrar la abundancia pero lo sumieron en devaluaciones, rescates bancarios y pobreza que con Zedillo llegaba 69%.

A la mitad del sexenio de López Obrador, el prócer demócrata que venció a la corrupción con su solo ejemplo, no ha podido en contra de la pobreza, aunque según él y sus “otros datos” vamos por buen camino. Ante la falta de resultados tangibles, medibles y verificables huye del rigor al que deben ser sometidas las administraciones en las democracias, ellos han decidido que la estrategia sea narrar una historia de éxito donde la 4T conquistó a sus enemigos y recompuso el camino para México, pero la realidad va en un sentido y la historieta en otro.

Aunque todavía no vemos al inquilino de Palacio Nacional como José López Portillo, quien se emocionó hasta las lágrimas porque no respondió como él quería ante la situación del país (actuación digna de una novela ochentera), López Obrador en algún momento tendrá que admitir que los números no le favorecen y que a pesar de los programas sociales, las remesas y sus megaproyectos generadores de empleos, la 4T está convertida en una fábrica de pobres y muertos, lo que representa un fracaso para quien juró protegerlos.

A pregunta expresa de un reportero en la mañanera, que su pecado es trabajar en el Reforma, López negó los datos presentados por el Coneval, que estima que la pobreza en México llegó en 2020 al 43.9%. Las cifras no le gustaron a López quien insistió en la importancia de los planes sociales que estableció su gobierno en medio de la pandemia y dijo poseer «otra forma de medir» la pobreza.

No queda claro cuál es la fórmula de la 4T para medir dicho dato, pero los números nos muestran a 12 millones más en esa situación, se ha estrechado la clase media a la que han estigmatizado los superiores morales, obviamente no se puede dejar de lado los efectos de la pandemia y la crisis que son factores mundiales, pero el asunto radica en las decisiones que se tomaron para enfrentar esas calamidades. Los especialistas apuntan que no se actuó de buena manera.

No importa que el presidente tenga otros datos, la población con grandes carencias está ahí y no se terminó por decreto, ni por la austeridad republicana, los números nos dicen que estábamos mejor cuando estábamos peor… Con Calderón la pobreza llegó a 44.4%, con Enrique Peña Nieto en 60.9%, y con estos apenas vamos a la mitad del sexenio… pero mejor ahí la dejamos.

Entre Palabras

Con los resultados en Tokio 2020 y las denuncias de corrupción que pesan sobre Ana Guevara debería entregar su renuncia, pero lo que vendrá será convertirla en mártir.

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Hasta la próxima.