Aleinad Mina
Hilma af Klint fue una artista que se quedó en la sombra de la historia del arte, sin embargo, su figura emerge en la actualidad reivindicando su aporte al arte abstracto. Su actividad artística se sitúa dentro de los límites académicos que, aunados a sus intereses en las experiencias espirituales, logró romper con los paradigmas estéticos del siglo XX. Aunque su trabajo artístico no ha tenido gran reconocimiento, en la actualidad desempeña un papel fundamental con respecto al modo en que las interpretaciones históricas del arte moderno van cambiando de paradigmas a lo largo de la historia.
Af Klint nació en Suecia el 26 de octubre de 1862, se integró a la Real Academia Sueca de las Artes de Estocolmo, uno de los pocos centros que a principios del siglo XIX admitían a mujeres de toda Europa, ahí aprendió a pintar paisajes y retratos. En sus años académicos el arte pictórico se identificó con la representación de la naturaleza, este principio imperó en el arte como un estricto estético del que la artista sueca se desligó. En la representación objetiva de la realidad, Hilma Af Klint no encontró su sentido artístico, y reinventó un trazo más cercano a ella misma, y a la dimensión metafísica que se manifestó en su interior.
En una época de gran relativismo, de avances científicos y modas esotéricas como el espiritismo, Hilma practicó esta última actividad, y experimentó una relación entre el arte y el espiritismo. Se expresó a partir de la escritura, el dibujo automático (adelantándose al surrealismo), así hizo surgir un lenguaje pictórico distinto al realismo que imperaba en aquella época, con un tizne universal, pero a la vez basado en su mundo interior. La artista creó un universo innovador con símbolos, figuraciones geométricas, trazos espontáneos y colores, que configuraron un estilo inédito para su época: la abstracción.
El arte abstracto es el contrario del figurativo, es decir, la representación de objetos identificables mediante imágenes reconocibles. Por tanto, la abstracción no representa “cosas” concretas de la naturaleza, sino que propone una nueva realidad, propone un “arte puro” mirando más allá de nuestra realidad.
Hilma se interesó por el esoterismo, la teosofía, la alquimia y sobre todo por el espiritismo. Esta última disciplina se fomentó tras la muerte de su hermana menor, y se convirtió en médium. Fue así que empezó a pintar con la guía de maestros espirituales, en un lenguaje abstracto no objetivo. Puesto que era una realidad ajena para poderse representar desde la sensibilidad material. Sin duda, pintar lo invisible que se revela desde sus propias experiencias espirituales, entra en un dominio subjetivo, alejado de cualquier solidez mimética.
Hilma af Klint marcó una ruptura con el arte mimético, y consolidó un nuevo estilo en aquella época, aun así, la historia del arte, durante casi cien años, no reconoció su aporte dentro de las nuevas vanguardias que surgieron a principios del siglo XX. La artista pintó más de 1000 cuadros con un lenguaje abstracto, mucho antes de que existiera la categoría del arte abstracto, que se reconoció como tal a partir del trabajo de Mondrian y Kandinsky. No obstante, en la actualidad la artista sueca es considerada pionera de la sensibilidad abstracta en el arte visual.














