Por Rubén D. Arvizu*
En este pasado 11 de septiembre, en el 25 aniversario del artero ataque de los terroristas de Arabia Saudita que sacudió los cimientos de Estados Unidos, Donald Trump dio más muestras de sus desvaríos mentales y el mundo surrealista que promueve.
Como él no asistió a la solemne ceremonia en Nueva York debido a que no se permiten discursos políticos, su lugar fue ocupado por el vicepresidente Vance, que acompañó a los 4 expresidentes (Bush, Clinton, Obama y Biden) en el evento.
Simultáneamente, en una convención republicana en Dallas, aparte de sus acostumbrados insultos, arrogancias, exageraciones y repeticiones de mentiras y egolatrías, dijo lo siguiente —referido al proceso electoral de este mes de noviembre—, digno de ser incluido en la lista de «Aunque usted no lo crea» de Ripley, y que fue coreado por sus leales seguidores MAGA:
“Por favor, levanten su mano derecha. Prometo, al mejor presidente en la historia de Estados Unidos, que nos quiere tanto que no puede ni respirar, que saldré con mi familia, con mis amigos, lo haré de todos modos, no me importa si estoy registrado o no, voy a intentar hacer trampa como un demonio, tal como lo hacen ellos, nunca ha habido tramposos más grandes, no les importa. ¡Voy a salir y voy a conseguir que mis amigos y mi familia y nosotros vayamos a votar el 3 de noviembre, o vamos a votar antes de eso!”
Fue un surrealismo propio de una secta, y sus seguidores lo aceptaron con entusiasmo. Su frase «voy a hacer trampa como un demonio» demuestra que las quejas de Trump sobre las supuestas «elecciones fraudulentas de los demócratas» no le importan si beneficia a sus intereses, siempre y cuando él sea el ganador.
El absurdo juramento es copia y calca de un tirano que exige lealtad para él y no a la Constitución. Además, prometió —como antes ha prometido cheques de reembolso por la devolución de tarifas que nadie ha recibido— que cada ciudadano adulto obtendrá un cheque de $5,000 dólares si los republicanos conservan en noviembre el Senado y la Cámara de Representantes. ¿No se le llama a esto comprar el voto?
El país se hunde cada día más en una economía inflacionaria; una guerra en Irán que según él no es guerra sino una simple escaramuza; y el enriquecimiento ilícito de él y de quienes componen su gobierno alcanza niveles nunca vistos. La lista de corrupción e ineptitudes es muy larga para enumerarla.
Benjamín Franklin, uno de los Padres Fundadores de la Unión Americana, al terminar la Convención Constitucional el 17 de septiembre de 1787, contestó cuando le preguntaron qué clase de gobierno se había creado: “Una república, si saben conservarla”. Más que nunca, sus palabras resuenan en todo su significado.
*Ruben D. Arvizu – Escritor y ambientalista.














