·         Acapulco, referente de lo que ocurre el país con un ganso ajeno, soberbio e incapaz

Miguel A. Rocha Valencia

El desastre que viven varios municipios de Guerrero a causa de la destrucción del huracán Otis, es el reflejo de lo que ocurre en el país donde el machuchón de Palacio Nacional no escucha ni se junta con las víctimas, ordena medidas sin conocimiento real de las situaciones y en vez de dar soluciones se envuelve en su investidura presidencial para decir que todo está bien mientras la gente empobrece o muere víctima de la violencia criminal y la negligencia del gobierno.

Ni siquiera el sainete de su nuevo juguete allá en Nuevo León sirvió para distraernos de la tragedia nacional con sus 173 mil asesinatos, 45 mil desaparecidos, 135 mil desplazados por la violencia y los 800 mil mexicanos durante el año fiscal de EU por pretender ingresar indocumentados a ese país.

Tampoco el anuncio de un aumento demagógico del 20 en el salario mínimo logró cambiar el ánimo en favor del ganso dado que a estas alturas, todos los aumentos presumidos quedaron rebasados por los índices inflacionarios sobre todo en lo referente a la carestía subyacente que superó a la general en décimas e hizo que todos los precios se fueran para arriba no sólo los de la canasta básica cuyo valor generó en 2023 cinco millones más de pobres laborales a quienes no alcanza el “súper salario” para comprar los indispensable.

Y es que de acuerdo con el reporte del Inegi, que además establece que 32 millones de mexicanos están en la informalidad, es decir el 52 por ciento, los precios de los básicos con todo y que la inflación general descendió a 4.25 por ciento, están por arriba de lo que se otorgó a los mínimos al principio de año.

Para colmo el nuevo aumento que dicen será del 20 por ciento (ojo a los mínimos) se verá mermado según la misma fuente por los precios de medicamentos, pasajes, combustibles, rentas, servicios públicos (pasaportes y licencias) y hasta papel de baño, además de los ya anunciados a las tarifas eléctricas y los ejecutados hace una semana a las tarifas de peaje en carreteras que impactará en el precio de todos los productos.

Eso independientemente que por ley aumenten todos los servicios y tarifas que “presta” el gobierno, incluyendo agua y predial. Ese aumento seguramente se repercutirá de nueva cuenta en los ajustes realizados durante noviembre y cuyo fin es meter dinero no programado en el presupuesto de este año, pero servirá para disminuir el déficit o a la mejor pagar alguna campaña.

Eso con todo y que el Ejército se apoderó de plano de los 171 mil millones del fideicomiso de la Agencia Nacional de Aduanas cuyo destino era modernizar al sistema. Ahora y sin consulta al congreso ni mucho menos dar explicación, servirán a los de verde y blanco seguramente para continuar con las obras que les regaló el caudillo y que, al no ser atractivas para la iniciativa privada por no ser negocio, le tienen que meter dinero público.

Pero además el desastre no sólo se ve en lo económico sino también en la seguridad donde los informes indican que en medio país se consume fentanilo y con ello crece la violencia por el control del mercado hasta hace poco reservado, según la DEA para el Cártel de Sinaloa, a donde va el mesías tropical a esconder la investidura presidencial y no se la manchen los miserables de Acapulco, a donde asegura ha ido siete veces, pero para encerrarse en la base naval de Icacos y darse una vueltecita en barco por la bahía sin tener contacto con los damnificados.

El sainete de Nuevo León, es el anuncio de lo que el propio tlatoani está dispuesto a causar al ser él uno de los impulsores de violar la ley en vez de velar por ella como lo protestó en 2018. Aplaude y defiende a su nuevo juguete por desafiar la constitución y congreso de su estado, en vez de llamar a la cordura y respeto a las constituciones general de la República y estatal.

En tanto y lejos de la promesa de la súper farmacia y del sistema de salud europeo, se agudizan las crisis sanitarias donde la escasez de medicamentos y tratamientos no sólo afecta a mujeres con cáncer de mama o niños con diferentes tipos de enfermedad sino también a los enfermos de VIH. A ellos no los ven en Palacio Nacional y los mismos que familiares de víctimas del crimen, no los oye la chachalaca tabasqueña.

Porque al final tampoco para ellos habrá cumplimiento de promesas y sí la reiterada mentira de que hay medicamentos, tratamiento y reactivos para todos cuando en los hechos, el presupuesto en salud disminuyó 35 por ciento en términos reales, incluyendo los 35 mil millones que se tenían para personas con enfermedades “catastróficas” y que hoy deben rifarse con los cuatro mil pesos de una beca o pensión del “bienestar”. No les alcanza ni para un medicamento.

En este sentido cabe mencionar que el aumento de los pobres laborales se debe precisamente a que, ante la falta de medicamentos o atención a la salud, el dinero destinado a comida, se debía a atender a los enfermos ante la ausencia de medicinas o servicio médicos en el sector público. A quienes laboran en la informalidad.Eso más allá de una carestía que no se confiesa pero que tiene a los básicos al doble del precio de 2018. Otro ejemplo de carestía son los materiales para construcción que no aparecen en zonas de Guerrero o ya cuestan 300 por ciento más. El desastre continúa.