• Armando Ramírez, autor de “Chin Chin el teporocho”, “Noche de califas”, “Tepito”, “Quinceañera”, “La casa de los ajolotes” y “Déjame”
  • ·Sus personajes favoritos los vendedores de droga, prostitutas, asesinos, policías e indigentes; sus escenarios las cantinas, el billar, las fondas, los hoteles de paso y las capillas

El Caminante

El merito del cronista popular Armando Ramírez, fue retratar a los pueblos y los barrios de la gran ciudad de México. Su alimento para la creación era caminar las calles, mirarlas palmo a palmo y sentir el pulso, oler las historias cotidianas que se desarrollaban en las cantinas, el billar, las fondas, los hoteles de paso y las capillas, en fin, historias de los años 70 cuando comenzó su prolífica carrera… como dicen era otro México.

Armando no necesitó crear personajes superiores o de alta alcurnia, porque los encontraba a la vuelta de la esquina en su natal Tepito. Se dijo admirador de la narrativa de Parménides García Saldaña, René Avilés Fabila y José Agustín, pertenecientes a la corriente de la Literatura de la Onda, de ellos aprendió pero se desmarcó rápidamente porque lo suyo, lo suyo era la calle, lo popular que lo maravilló y desde donde construyó su literatura y su periodismo, desde las entrañas de una realidad que se quería negar.

Fue un intelectual de barrio y lo decía con orgullo, participó a principio de los 70 en el movimiento Tepito Arte Acá, que cuestionaba la cultura y miraba de forma crítica su condición socioeconómica, la migración, los oficios y demás manifestaciones que surgen en el barrio bravo, al lado de la violencia y de las carencias.

Su pluma fue siempre honesta en su narrativa, nunca pretendió llegar a los lugares de literato, pero que lo consiguió con un lenguaje cotidiano, maestro del albur y del caló tepiteño, del lenguaje coloquial y hasta básico por momentos que utilizó para confeccionar sus novelas y cuentos que ya son parte de la historia: “Chin Chin el teporocho”, “Noche de califas”, “Tepito”, “Quinceañera”, “La casa de los ajolotes” y “Déjame”.

Este valedor pronto llegó al cine con “La noche de califas”, “Muchacho en llamas”, y la célebre cinta “Chin Chin el teporocho”. Sus personajes favoritos los vendedores de droga, prostitutas, asesinos, policías e indigentes. Participó en programas de radio y televisión como guionista, reportero, conductor y realizador, además de haber sido colaborador en publicaciones como Jueves de Excélsior, Sucesos para Todos y Unomásuno.

Hace poco partió para “el otro barrio”, pero muchos lo recordaremos con afecto como lo hace nuestro Director Editorial, Miguel Ángel Rocha Valencia: “Compartimos meses de reporteo, producción, “corrección” (no le gustaba, esa era la rebeldía) impresión del libro y video de la crónica del Metro. Las reuniones editoriales, en el Habana; él, café con leche y huevos con jamón y yo, mis chilaquiles. Ahora será uno más de sus “fantasmas” de la Ciudad de México.

Armando Ramírez, nuca se fue del barrio, porque se lo llevó con él.

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