Carlos Ramos Padilla

Terminaron los Juegos Olímpicos en Tokio, un encuentro deportivo extraño, diferente, sin público, en medio de una pandemia, con una organización sin precedentes en una nación que se ha levantado de enormes retos como terremotos, guerras, bombas nucleares, explosiones en plantas de generación atómica, tsunamis y terrorismo en su transporte público.

Nos dieron muestras de lo primero que llevan en su ADN: el honor. A pesar de manifestaciones de grupos nipones para no celebrar las olimpiadas por probables contagios del COVID, el esmero, el cuidado, el talento y la disciplina dejaron muestras de agradecimiento mundial. Los cinco mejores entre los mejores, China, Estados Unidos, Japón, Gran Bretaña y el Comité Olímpico Ruso.

Ganaron medallas y rompieron récords padeciendo los mismos obstáculos sanitarios que todo el mundo. Ellos pudieron otra vez, ellos demostraron su capacidad, energía y fuerza. Llamó la atención San Marino un país con apenas 33 mil 600 pobladores que ganó tres medallas (una de plata y dos de bronce) y sólo envió a cinco atletas, ubicándose en la posición 69 del medallero.

México por su parte obtuvo únicamente cuatro preseas y quedamos en el casillero 84 y aquí varias reflexiones. Enviamos a nuestros mejores representantes, los más aptos, los mejores preparados, pero en circunstancias especialmente difíciles, veamos por qué. Evidentemente la pandemia limitó las posibilidades de entrenamiento (diríamos que eso ocurrió en todo el mundo, no es pretexto) pero aquí se marcaron serias diferencias.

El Comité Olímpico Mexicano tuvo que sobrevivir con un majadereo recorte de presupuestos y apoyos. Las instalaciones fueron cerradas por prevención sanitaria, pero porque no tenían dinero ni para el gas. Las albercas, las canchas, las pistas, los aparatos gimnásticos, todo en decadencia por la torpe imposición de la “austeridad republicana” y la suspensión de flujos a los fideicomisos.

Es decir, el primer enemigo de los atletas fue el gobierno federal y el legislativo. Al paralelo AMLO se ha obstinado en defender a la CONADE y a Ana Gabriela Guevara (una de las peores calificadas dentro de la 4aT) a pesar de las advertencias, avisos, denuncias y pruebas de ilícitos, desviaciones, irregularidades y corrupción. Y hoy vemos las consecuencias, México tampoco ya es ejemplo ni en lo deportivo.

Tuve la oportunidad de observar un estupendo resumen día por día (17) que presento Claro Sports previo a la ceremonia de clausura del evento. Imágenes extraordinarias, una producción sin paralelo. Los triunfos, las esperanzas, lágrimas, sonrisas, esfuerzo, actividades, colores, emociones, premiaciones, todo lo que representa en su esencia el ser humano, su convivencia, su armonía, su preparación, sus ambiciones y aspiraciones, su confraternidad… todo ahí expuesto y México, mi México nunca apareció, no fue considerado, no mereció un reconocimiento mundial, no fuimos materia de interés.

En esas imágenes pasaron todas las disciplinas, las de siempre, las nuevas, las sorprendentes, todas, México no brillo, preferimos gastar, tirar el dinero en una estúpida consulta que en sostener y apoyar a nuestros héroes deportivos. Se burlan usando ahora el avión presidencial como transporte de carga sin dar cuentas claras de la “venta” o “renta” o “rifa” del aeroplano. Nuestros atletas fueron discapacitados en todos sentidos.

El presidente del COM, Carlos Padilla Becerra, lo advirtió todas las veces que pudo. Mejor diálogo hay con la mamá del Chapo. Si nuestros deportistas lograron algo fue por esfuerzo individual, propio, porque sacaron la casta, pero se enfrentaron a naciones como China, Japón, Estados Unidos que entienden sus prioridades, generan beneficios, prepararon a líderes y triunfadores, ofrecen apoyos, premian al éxito.

Japón como sede nos mostraron que significa la armonía con ciudades limpias, ordenas, con ley, con urbanización, modernas, con transporte, comunicadas. Nos dieron una lección de cómo ser grandes entre los grandes sin aparentar ni presumir cumplimientos como la vacunación porque es su obligación. Y debido a que se inyectó todo lo posible a la ciencia médica para proteger a sus pobladores.

Nadie estaba peleado con el cubrebocas, su uso era oficial pero también cultural. Tienen respeto a sus valores, a su historia, a sus tradiciones, a sus leyes, a sus autoridades. Sin importar de qué nación, aplauden el esfuerzo y vitorean al triunfador, saben reconocer porque están seguros de su sitio en el mundo. Y he preguntado qué nos falta para crecer, para ser mejores para tener un lugar digno y de reconocimiento. Países muchísimo más limitados que el nuestro, sin reservas naturales, sin espacio geográfico, sin población suficiente, sin tierras para el cultivo, esos países están destacando.

Qué triste saber que el peor enemigo de los nuestros es el propio gobierno con su miopía, sus torpezas, impunidad a sus corruptos y dedicación no a los “aspiracionistas” sino a aquellos que no presentan ningún beneficio a la sociedad. Las medallas de oro aquí se las regalan a Lopez Gatell, Bartlett, Delgado, Durazo, Ebrard, Sheinbaum, Romero Deschamps, Ana Gabriela Guevara…

Los que aún por venganza, revancha o amargura viven del odio, del insultó y del menosprecio. Los que se mantienen engañados echando la culpa a otros y defendiendo lo indefendible como si obtuvieran algún beneficio directo. Comportándose con el mismo patrón de descalificaciones, las mismas groserías. Pregunto al presidente de México, ¿Qué tienen Uganda, Bahamas, Cuba, Kosovo, Filipinas, Etiopía, Túnez, Fiyi, Letonia, Colombia, Armenia, Mongolia, Namibia y83 países más que nuestra nación no tenga para haber sido superados?

El deporte es y debe ser una política pública que vaya más allá de una competencia en pista o alberca. Cuatro medallas valen México en la competencia mundial, pero también 90 mil homicidios dolosos y más de medio millón de víctimas por la pandemia. Pero la respuesta oficial es “al carajo”