Miguel Ángel López Farías

Fue un breve instante de dignidad nacional, fugaz posición de la República para decirle a los demás que “se vale ser puerco pero no trompudo”… la SRE, de la mano de Marcelo Ebrard había enviado la única señal posible, democrática y de altura política a uno de los personajes más soeces de latinoamericana, Daniel Ortega, el dictador de Nicaragua.

La cancillería mexicana habría advertido que no enviaría a un representante de este gobierno a la toma de protesta del ex guerrillero Ortega, por la civilizada razón de que no se puede “hacer ronda” con alguien que encarceló a todos sus opositores, los candidatos terminaron en prisión o “desaparecieron”… el antiguo consejo supremo electoral fue exterminado e hizo uno a su imagen y utilidad, cambio la constitución para poder reelegirse…

Hoy llega a su quinto período… Rosario Murillo, su esposa, es la otra mano de esta pareja y autócratas, ella es el poder detrás y delante del poder del ex combatiente. En Nicaragua la prensa libre dejó de existir, pensar distinto es comprarse un boleto a prisión, a un periodista independiente no solo se le califica de conservador sino de “enemigo de la revolución”.

Ninguna, pero ninguna nación de las que juegan con reglas democráticas y poseen un sentido elemental de las leyes se han pronunciado a favor de Daniel Ortega, exceptuando, adivino, a aquellas naciones que son regenteadas por dictadores: Cuba, Corea del Norte, Venezuela y aquellos sutiles aliados como argentina, Perú y México.

Reitero: un secretario de relaciones exteriores como Marcelo Ebrard tomó nota de lo que sucede más allá del microcosmos de la mañanera y dio un elemental paso hacia un lado, diciéndole a Ortega que por el momento el gobierno de México no secundaría al gorila.

La verdad hasta ganas de aplaudirle me dieron, pero llegó la reconversión en la voz del mismísimo presidente Andrés Manuel corrigiendo la plana , mejor dicho, bulleando el esfuerzo de Ebrard cuando nos regresa a la realidad con un breve mensaje: “no ir a la toma de protesta sería una imprudencia“, y que será Ramiro Ayala, el encargado de negocios de México en Nicaragua quién asistirá y no solo eso, sino que en lo que canta un gallo habrá nuevo embajador, el periodista Guillermo Zamora ocupará la representación de nuestro país en la nación centroamericana.

Señoras y señores, fin del sueño.

Y no se trata de complacer a los EUA quienes han presionado a Ortega para que regrese a los causes democráticos, no es agacharse ante los gringos, esto significa que en México muchos y muchas dan lectura precisa sobre algo que la raza humana no debería permitir, los gorilatos, “gobiernos” que destruyen vidas y que pudren el futuro de los suyos, pues basta asonarnos a los hechos: ¿mencionen una sola nación que se la mano de un dictador haya mejorado a sus ciudadanos? Uno solo. ¿Verdad que no?