Miguel Ángel Casique Olivos

A más de un mes, el pasado 7 de octubre, de haber iniciado la operación militar del movimiento Hamás en contra del ocupante Estado de Israel, con una sorpresiva logística que burló la seguridad y la más alta tecnología del país hebreo, en el parte de guerra, el pueblo palestino ha enfrentado los peores horrores contra su población cometidos por el sionismo. Ha cobrado la vida de más de 10 mil personas, de los cuales 4 mil son niños y ha dejado más de 26 mil heridos. La información que llega a esta parte del Mundo donde está México es poca, pero suficiente para seguir en tiempo real el genocidio israelí con los constantes bombardeos y su invasión terrestre para sitiar a la Franja de Gaza.

Las potencias imperialistas han sido el manto protector de Israel desde su fundación, proporcionando dinero y armas para su sobrevivencia en territorio que ocuparon por la fuerza. Es un país, reconocido por la ONU, cómplice de las atrocidades contra el pueblo palestino que solo se han condenado sin pasar a verdaderas acciones de justicia. Israel se proclama el pueblo elegido por Dios, con el cual su política de limpieza racial ha tomado forma para eliminar a los árabes de “la tierra prometida”.

Durante más de 30 días, los gazatíes han vivido un genocidio casi idéntico que cuando la comunidad judía fue perseguida por Adolfo Hitler en la Alemania nazi. Fueron masacrados en las puertas de sus hogares y bombardeados; los dejaron sin comida, medicinas y servicios básicos, y también sin combustibles para hacer funcionar aparatos necesarios. Israel atacó campos de refugiados palestinos heridos y hospitales que reciben a un herido a cada minuto y 15 cadáveres por hora. 

Hay más de 1.5 millones de desplazados porque sus casas fueron destruidas o presentan daños que ponen en peligro su vida; los templos religiosos como las mezquitas, un 14% qué hay en Gaza, fueron atacadas y se espera que  las próximas semana o meses los ataques de Israel cobren más vidas humanas. El parte de guerra que vemos es el resultado de un imperialismo yanqui en decadencia que necesita la guerra para su supervivencia, así como la que comenzó en Ucrania y que sigue perdiendo ante el poder de la Federación de Rusia.

En esta guerra el uso de otros estados aparentemente libres que actúan con la venia de EE. UU. es parte de la política que nuestro vecino del norte emplea para que el mundo unipolar siga vivo. Así es como usa a Israel para adueñarse del Medio Oriente, donde claramente ha perdido poder por el surgimiento de Irán como potencia y aliado de los países árabes y la expansión de China y Rusia para mejorar la economía de los eternos olvidados por Occidente.

En el fondo, el querer apropiarse de Palestina se debe a los yacimientos de petróleo y recursos naturales. Pero en el sistema que defienden, el mundo unipolar está agonizando: en varias ciudades del mundo, desde los países europeos, Euro-Asia, America Latina y el propio corazón de EE. UU., las protestas en favor de la creación de un Estado Palestino y un alto al fuego claman castigo para los perpetradores del genocidio humano, hasta ahora, de la historia moderna.

En México, existen grupos en favor de la causa palestina, de la resistencia, pero pocos como el Movimiento Antorchista Nacional, que aglutina las masas más empobrecidas de México: campesinos, obreros, amas de casa y estudiantes que conocen el fondo de la situación que esconden tras la cortina de humo que Occidente hace llegar. Los antorchistas han levantado las banderas en favor de Palestina y se siguen sumando más mexicanos en la denuncia de lo que ejecuta Israel contra civiles inocentes.