• Existe un reclutamiento de más de 30 mil niños mexicanos a las filas del crimen organizado 
  • Mientras que los programas sociales ofrecen mil 600 pesos bimestrales, los sueldos que brinda el narcotráfico van de los 25 mil a 35 mil al mes  

María Escalante García  

La incorporación de menores de edad a las filas del crimen organizado ha aumentado en los últimos años, de acuerdo a la asociación civil Reinserta existe un reclutamiento de más de 30 mil niños mexicanos. Existe una serie de motivos que propician dicho problema como la falta de apego, la desintegración familiar y la impunidad son algunas de las razones principales lo que ha provocado una inocencia pérdida entre los infantes. 

Las políticas gubernamentales por parte del Gobierno de la Cuarta Transformación han sido débiles para atender la problemática, además la falta de políticas públicas para combatir la incorporación de menores provoca que la práctica se lleve a cabo de manera sistemática y sin consecuencias reales para los grupos delictivos. 

Existe mayor precariedad en el centro y el sur, en el norte los cárteles pagan los sueldos más altos a los menores de edad, que van de los 25 mil a 35 mil pesos al mes, mientras que los sueldos que ofrecen los programas sociales de López Obrador como la Beca Benito Juárez otorga bimestralmente mil 600 pesos.    

“La violencia generalizada se entrelaza con una de las problemáticas más complejas en materia de seguridad pública: la delincuencia organizada. El combate a ésta y todas sus repercusiones hacen que el panorama se dificulte, pues la estructura y coordinación de la que dispone este tipo de criminalidad provee grandes recursos para cometer actividades ilícitas y favorece las condiciones para hacerlo en completa impunidad”, advierte la organización. 

La mayoría de los niños, niñas y adolescentes que ingresaron a estos grupos criminales renunciaron a sus estudios, fueron expulsados de sus escuelas o nunca tuvieron acceso a la educación. 

En el sector social, se identificó que la violencia comunitaria propicia su normalización y los menores de edad son reclutados lo mismo en zonas rurales que urbanas. También la narcocultura tiene efectos en la ideología de los menores, pues determina modelos a seguir.  

Después de entrevistar a menores de edad que actualmente se encuentran en prisión por delitos relacionados con el crimen organizado, Reinserta encontró que en el ámbito familiar influye mucho el abandono, la precariedad de las relaciones con los cuidadores, la violencia y la salud mental. 

Al presentar el estudio ‘Niñas, niños y adolescentes reclutados por la delincuencia organizada’, la cofundadora de Reinserta, Saskia Niño de Rivera, dijo que hay más de 20 mil casos de homicidio doloso y 7 mil desapariciones de menores de edad en los últimos 20 años, según una estimación hecha por la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim). 

Reinserta, entrevistó a 89 jóvenes presos, de los que 67 se asumían como miembros del crimen organizado de siete estados: Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas (zona norte); Estado de México y Guerrero (zona centro), y Oaxaca y Quintana Roo (zona sur). 

La problemática se ha exacerbado en la pandemia por la deserción escolar de 5 millones de menores edad y por el hecho de que el 90% de los crímenes contra niños ocurren en internet. 

Reclutar a niños supone una ventaja para los cárteles, pueden hacer el trabajo sucio y enfrentar penas reducidas. Pero hay también otras razones que explican el juego perverso de los narcos: la niñez es mucho más fáciles de manejar que los adultos.  

Normalmente suelen desempeñar funciones como cocineros, cargadores, también se les usa en la fabricación de municiones que requieren un manejo mucho más delicado, ya que las manos de niños resultan convenientes para estas bandas criminales. Una vez que están en la adolescencia se convierten en sicarios, autodefensas o halcones. 

Las autodefensas 

Existen los otros niños de la guerra, los que se han sumado a los grupos de autodefensa, para establecer un dique de contención a los cárteles de las drogas y a los diversos grupos delictivos que asedian a las poblaciones más marginadas, en la mayoría de las veces actúan como guardias improvisadas. 

Por su parte, los grupos de autodefensa que incluyen menores de edad entre sus filas, principalmente los que operan en Michoacán y Guerrero, no registran pagos salariales a los niños que se suman a sus filas. 

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