Aleinad Mina  

Otto Dix nació 2 de diciembre de 1891, en Alemania, desde joven tuvo pasión por la pintura. Participó en el Ejército alemán de la Primera Guerra Mundial, en la batalla de Dresde y la batalla del Somme, durante varios años experimentó el horror de las trincheras y el escenario bélico de inicios del siglo XX. Sus recuerdos y pesadillas se configuraron con explosiones, artillería, angustia, cuerpos despedazados por las granadas, y sus memorias bélicas, quedaron representadas en gran parte de su obra. Su interés no fue mostrar el repudio contra la guerra, sino que el artista quiso hacer una crítica política y social de las atrocidades del Régimen Nazi.  

Los años que vivió en la guerra marcaron una tendencia en su obra, que, aunque tiene muchos más temas, este ámbito es sumamente representativo en su obra. El arte para Otto Dix fue un medio para representar con gran ahínco la experiencia bélica, en todo su realismo como una experiencia absoluta. Aunque sus principales influencias fueron las vanguardias primeras del siglo XX el cubismo, el futurismo y el dadá, Dix buscó plasmar sus impresiones del conflicto con gran honestidad y su trabajo decantó hacia la Nueva Objetividad.  

La Nueva Objetividad fue un movimiento artístico alemán que rechazó el expresionismo e hizo de su estilo una figuración realista. Fue un movimiento de crítica social, los artistas que participaron en esta línea se interesaron por mostrar el disgusto ante la opresión social, a partir de encontrar una objetividad realista que diera cuenta del escenario social de Alemania. Dix fue uno de los artistas que destacaron en esta esfera artística desde lo repulsivo, como menciona: «Mirando cuadros antiguos he tenido la impresión de que falta por exponer una parte de la realidad: lo repulsivo. La guerra fue una cosa repulsiva, y pese a todo imponente, no podía perdérmela. Hay que haber visto a los hombres en ese estado voraginoso para saber algo sobre ellos.»  De ahí que su obra se inclinó por lo grotesco, la crueldad, toda sensación desagradable que impera en la realidad y que sobre todo está presente en la Guerra.  

Sus dibujos figuran cuerpos destrozados, basura y carroña, la crueldad y el goce. 

Su visión de la guerra manifestó toda su crueldad, lo cual no compaginó con la visión nacionalista de Alemania. El vehemente realismo de su obra enfatizó lo grotesco de manera provocativa, y su crítica de la realidad hizo que su trabajo fuera considerado como un “arte degenerado” por el Régimen Nazi. Muchas de sus obras fueron confiscadas y quemadas por atentar en contra de los ideales nazis.  

En 1919 se incorporó a Die Gruppe, movimiento que protagonizó la secesión de Dresde, y a partir de este momento inició la etapa, que sería la más productiva de su vida artística. En este periodo surge Mutilados de guerra (1920) óleo que muestra las atrocidades del holocausto y La guerra, (1922-1923) en la que figuran los aspectos más crueles de la vida de un soldado en las trincheras.