Aleinad Mina  

A pesar de la inmensa riqueza cultural que poseen los pueblos originarios, es común que sean objeto de discriminación, segregación y marginación en todo el mundo por parte de las culturas consideradas hegemónicas, que tienen como una de sus características principales ser cada vez más homogéneas, sin importar en qué parte del globo se encuentren. De ahí que el poder económico capitalista, cuya estructura condiciona también juicios culturales, ha fomentado que se preserven ideologías que oprimen el mundo indígena, con categorías como: “progreso” “moderno” “primitivo”, entre muchas otras, que excluyen y jerarquizan la diversidad cultural.  

Ante esta problemática, la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció que el 9 de agosto de cada año se celebre el Día Internacional de los Pueblos Indígenas del Mundo, para revalorizar su gran herencia cultural y diversidad lingüística, así como sus costumbres y tradiciones ancestrales. La mayoría de los pueblos indígenas comparten aspectos comunes importantes: la forma de relacionarse con sus territorios tradicionales y su entorno, y la voluntad de preservar sus formas de organización, valores culturales, sociales y económicos. 

El mundo indígena nos permite adentrarnos a la esencia cosmogónica de cada pueblo, de ancestros, de dioses y de la naturaleza que forjan narraciones que se entrelazan con la vida cotidiana de cada comunidad. Nos permite conocer una forma de organización política, comunitaria; en resistencia a las imposiciones y opresiones de lo que los zapatistas, nombran el Mal Gobierno. Así una de las herencias de los pueblos originarios, se identifica, como se expresa en una Declaración…Por la vida, del EZLN: “La convicción de que son muchos los mundos que viven y luchan en el mundo.  Y que toda pretensión de homogeneidad y hegemonía atenta contra la esencia del ser humano: la libertad.  La igualdad de la humanidad está en el respeto a la diferencia.  En su diversidad está su semejanza.” En suma, cada lucha, cada identidad, cada lenguaje, cada organización conforman los matices de una cultura en absoluto uniforme, sino construida desde la alteridad.  

Por otro lado, en la esfera artística hay diversas miradas de la realidad, no mediáticas ni afanosas del mercado, como el arte indígena, que aporta una expresión cotidiana o cosmogónica, un arte ritual, pero también una denuncia que revela las injusticias cometidas en contra de sus pueblos y de sus tierras. Aunque es una reducción afirmar que estos son objetivos de todas las comunidades, sin embargo, hay un eje de resistencia cultural y de la constante participación del cuerpo comunitario con su entorno, a partir del arte. De ahí que el arte indígena es creación, preservación y activismo. Son muchos los creadores que han aportado al arte indígena, aquí presentamos la propuesta de tres destacados artistas de Chiapas. 

Cecilia Gómez, artista maya-tsotsil, llevó el arte del telar chiapaneco a posicionarse dentro del diseño a nivel internacional. Ha expuesto en el Museo Jumex en la Ciudad de México, en diversos foros a nivel nacional, destacando su participación en Canadá, Estados Unidos y Francia. 

Antún Kojtom se especializa en la pintura, muralismo, grabado, dibujo e ilustración. El eje de sus obras se enfoca a reflexionar sobre la memoria oral y espiritual de la cultura maya tzeltal. Su arte es una búsqueda de la espiritualidad maya-tzeltal y la manera en que su pueblo a reconstruido la memoria cultural de sus antepasados.  

Kayum Ma’ax pintor maya-lacandon, gran observador del “jardín selvático” de la selva lacandona, sus obras expresan la relación de interdependencia qué hay entre los seres humanos, animales, las divinidades. Ma’ax es reconocido por su enorme acervo de conocimientos de la tradición oral y la sabiduría espiritual de su pueblo.