Yo soy yo y mi circunstancia,

y si no la salvo a ella no me salvo yo

osé Ortega y Gasset

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Morena parece haber olvidado quién lo llevó al poder. El voto de los adultos mayores fue decisivo para que, en 2018, Andrés Manuel López Obrador se alzara con el triunfo. Ellos lo respaldaron desde que fue jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal y lo acompañaron en sus tres campañas presidenciales. La recompensa llegó con las pensiones del Bienestar, que posteriormente fueron elevadas a rango constitucional y se convirtieron en un derecho universal, pese a las críticas que recibieron.

Aquí lo he dicho una y otra vez: los morenistas siguen borrachos de poder, enfermos de arrogancia, y lo han demostrado en múltiples ocasiones. Tienen el ejemplo que se proyectó desde la máxima tribuna del país: la mañanera. Qué rápido olvidaron a su ídolo tropical, a su líder moral, aquel que repetía: «Por el bien de todos, primero los pobres». Uno a uno han ido cayendo los pilares de esa presunta superioridad moral. Ahí están Gerardo Fernández Noroña, Rocío Nahle, Salomón Jara y muchos otros; incluso los más cercanos han rebasado, con sus excesos, la moralidad que el propio López Obrador decía defender.

El caso más reciente resulta revelador. Ahora parece que inventaron un nuevo filtro para decidir quién merece ser escuchado y quién no: el de «estar de salida». Así respondió la presidenta municipal de Huimanguillo, Mariluz Velázquez, a un adulto mayor que la cuestionó. Su frase retrata una preocupante concepción del poder: «Usted ya va de salida, hay que cuidar a los jóvenes».

Vaya que a varios de quienes hoy gobiernan les hace falta escuela y formación. No todo consiste en obedecer ni en mirar ciegamente a sus referentes políticos. Alguien debería recordarles que, en la política, especialmente en la era de la imagen y las redes sociales, la forma también es fondo. Su actitud no hace más que confirmar la arrogancia con la que ejercen el poder.

Como si llegar a la vejez cancelara el derecho a exigir cuentas o como si la experiencia perdiera valor frente a la soberbia del cargo. López Obrador asumió la Presidencia a los 65 años. Lo grave no es únicamente el desatino de la declaración, sino el mensaje de fondo: para algunos gobernantes, los ciudadanos sirven mientras aportan votos; después, cuando reclaman promesas incumplidas, son enviados al archivo de los «caducos». Así entienden la democracia quienes presumen gobernar para el pueblo.

Según cifras del INEGI, en México hay alrededor de 18 millones de adultos mayores; Tabasco cuenta con 257 mil 525 y Huimanguillo con 18 mil 676. Pronto veremos a Mariluz Velázquez pidiendo nuevamente el voto de todos, porque al momento de contar los sufragios nadie distingue entre quien acaba de cumplir 18 años y quien tiene 98. En las urnas, cada voto vale exactamente lo mismo. Lo que cambia es la memoria de quienes llegan al poder.

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Hasta la próxima.