Sergio Iván

El film inicia con un gran plano general, la cámara se encuentra sobre el tablero de lo que parece un taxi en una calle de Teherán, esta es la primera imagen de la película del director de cine, Jafar Panahi, Taxi Teherán. La persecución política por parte del gobierno iraní a Panahi, la inhabilitación de hacer cine por 20 años, (impuesta en el 2010), no poder salir de Irán, haber estado en la cárcel, es un poco de lo que rodea esta película, ¿Por qué es tan importante el contexto en este caso?

Taxi Teherán es todo contexto, es un film realizado en la clandestinidad y la opresión del estado iraní. Las personas que se suben y bajan de un taxi son una imagen nítida de la vida diaria en la capital de Irán; un constante cuestionamiento que vemos en la película, efectivamente se trata de actores, pero se trata de emular a un documental en el que el cineasta es un taxista más.

Todas las historias son maravillosas: el vendedor de películas pirata que reconoce a Jafar, la discusión inicial sobre si es correcto sentenciar a pena de muerte a un ratero que hurtó llantas de coches, una maestra cuya postura es defender el derecho a la vida. Sin duda la historia crucial del largometraje es la aparición de la sobrina de Panahi, con una mirada pícara, inquieta: cuestionando las reglas que la maestra les impone para la realización de una película bajo las buenas costumbres, el respeto al gobierno “no contar una verdad muy dura”.

El reconocimiento a la lucha y las personas que ayudan en la realización es digno de admirar, esperaría poder ver el trabajo de Panahi sin tener que estar sujeto a censura, una situación verdaderamente triste. Sin embargo, la pequeña Hana Saeidi, (la sobrina de Jafar) recibió en el 2015 en Berlín el Oso de Oro por el film, sin duda la pequeña es quien se lleva la película y nos deja con un sentimiento desangelado de esperanza.

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