Cuando miro hacia atrás todas estas preocupaciones, me acuerdo de la historia del viejo hombre que dijo en su lecho de muerte que había tenido un montón de problemas en su vida, la mayoría de los cuales nunca había sucedido. 

Artículo sobre frases, de Juan Antonio Corbín 

Psicología y mente 

José Manuel Rueda Smithers 

La columna de esta semana va hacia un tema que no es nuevo, pero apenas lleva unos años en la atención de los investigadores de la conducta y de las universidades.  

Lo malo de ello, es que día con día sus efectos crecen y poca atención pone la sociedad, hasta que sea demasiado tarde. 

Leí un artículo sobre un estudio académico llevado a cabo por Erika Villavicencio-Ayub, de la Facultad de Psicología de la UNAM, en el que menciona que el 75 % de la fuerza laboral en el país, sufre de algún trastorno mental, producido por su actividad diaria en el trabajo.  

Y esto se ve agravado por la pandemia del Covid 19. La especialista en salud ocupacional, indicó que previo a la pandemia, la depresión alcanzaba (un ya de por sí alto, agrego yo) 25%, aunque no se requería de tratamientos psiquiátricos.  

Hoy en día, explica, “uno de cada dos trabajadores, vive con algún tipo de padecimiento mental”. Es por eso que la profesional recomienda que las instituciones y empresas, diseñen programas de contención emocional, teniendo en mente las habilidades de los líderes (ejes centrales en sus equipos de trabajo), y establecer una cultura laboral, dirigida al bienestar de la persona. 

Todavía hay muchas personas que siguen en el confinamiento (el llamado home office). Otras tienen un esquema mixto, para no saturar los centros de trabajo y las que están in situ, ya que sus actividades se llevan a cabo en las áreas de producción o trabajo físico. 

La académica explicó que el empleado es un ser biopsicosocial, y cuando su rutina se desequilibra, ya sea porque le impongan jornadas y cargas más pesadas en tiempo y en responsabilidad, o ya que el jefe exige frecuentemente el no despegarse de la institución, imponiéndole el estar conectado 24/7, la actividad laboral, se convierte a una cultura tóxica, que acaba por sumirle en un estrés, con efectos muy negativos en la productividad. 

Añadió que también aparece la tecno fatiga, ya que se está expuesto a largas horas y con mucha carga laboral.    

“El cerebro está acostumbrado y sus reacciones son físicas, el migrarlo a plataformas digitales, lo desconfigura de maneras distintas y lo obliga a hacer un gran esfuerzo adicional, mientras se acostumbra a interactuar con las nuevas expresiones de comunicación”, precisó. 

Villavicencio-Ayub, dijo que las primeras señales son la caída del cabello, la resequedad en la piel, y la dificultad de conciliar el sueño reparador. Otro síntoma es el consumo desordenado de alimentos, pero pueden llegar a que las personas presenten preocupaciones y angustias, depresión, miedos, y que se puedan acompañar con el mismo tecno estrés. 

Se requiere con urgencia de una reforma legal en materia de la Ley Federal del Trabajo, y establecer el derecho del trabajador a poderse desconectarse de las plataformas laborales para poder descansar y distraerse. 

La ansiedad aparece cuando miramos al pasado y miramos al futuro. 

Hay que vivir el presente 

(ibídem)