El mundo está lleno de estadistas a quienes la democracia  

ha degradado convirtiéndoles en políticos. 

Benjamín Disraeli 

Víctor Sánchez Baños 

Petróleos Mexicanos es la apuesta de la Cuarta Transformación, pero es el ícono del fracaso de una empresa que fue saqueada por políticos, dirigentes sindicales, así como por sus mismos empleados. 

Desde la expropiación en 1938, por Lázaro Cárdenas, la burocracia se apoderó de la gran riqueza del país.  

Tanto Cárdenas, como Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán, Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos, Díaz Ordaz, Echeverría (quien intensificó el saqueo), López Portillo (el colmo de los robos), De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox, Calderón, Peña Nieto y ahora con AMLO, exprimieron la riqueza y no permeó a la población. Se quedó en manos de políticos, líderes sindicales, empresarios aliados a éstos y, por si fuera poco, hasta por sus empleados.  

La corrupción total.  

Hace unos días, se oficializó la salida de los negocios petroleros mexicanos de la empresa estatal noruega Equinor, que a nivel mundial preside Eldar Saetre.  

Deja 2 bloques en aguas profundas de la Cuenca Salina que ganó durante la primera ronda de licitaciones petroleras en diciembre de 2016, cuando la noruega se llamaba Statoil, en el gobierno de Enrique Peña Nieto. La petrolera ahora busca priorizar los negocios en energías renovables.  

México, a través de Pemex, que dirige Octavio Romero Oropeza, no tiene resuelto cuál será el futuro de los dos bloques en aguas profundas.  

Equinor ganó los contratos del área 1 y 3 en la Cuenca Salina en el Golfo de México y llevó al negocio en partes iguales, a la británica BP y la francesa Total.  

Ambos contratos tienen una vigencia hasta 2052. Equinor y sus socios han invertido 42 millones de dólares de cerca de 460 millones comprometidos en el programa de inversión. Hasta ahora, los dos campos se encuentran en fase exploratoria, sin certeza de si serán productivos o no.  

Pero este no es el único movimiento de este tipo que ha hecho la compañía en los últimos meses. Hace unas semanas con la francesa Total anunciaron su salida de Venezuela, con la venta de la participación (de 30.3% y 9.7%, respectivamente) que tenían en la operadora petrolera Petrocedeño, que produce cerca de 200,000 barriles diarios en la Franja de Orínoco.  

Las petroleras decidieron vender su participación a la estatal venezolana PDVSA, que ya poseía la mayor parte del capital de la compañía. Así es como arman los negocios en Venezuela.  

Todo ello, con el objetivo de canalizar sus esfuerzos a la generación de energías limpias. Saben perfectamente que ya no es negocio el petróleo.  

En pocos años, en el 2035, Europa no permitirá la circulación de vehículos de combustión por gasolina y se impulsarán los vehículos eléctricos. En cuanto a la minería, se suspenderá el uso de carbón mineral y las empresas que estén radicadas fiscalmente en esa región del planeta, están obligadas a comprometerse a no usar combustibles fósiles en los procesos de producción y el desarrollo de sus actividades empresariales.  

Ante un panorama de ese tipo, Equinor recibió este nombre. El anterior Statoil, hacía referencia al petróleo.  

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