Luis Mena Pantoja 

El muralismo mexicano, como movimiento artístico, se originó al término de la Revolución Mexicana y se desarrolló vigorosamente hasta convertirse en uno de los movimientos pictóricos más importantes de América Latina en el siglo XX, al lograr romper con la estética europea y consolidar una propia latinoamericana. 

Fue José Vasconcelos -autor del libro La raza cósmica y entonces secretario de Educación-, quien planteó la idea de crear un arte auténticamente mexicano, que llegara a las masas y transmitiera nuevas ideas y valores, para lo cual puso a disposición de los artistas los muros de los principales edificios públicos, siendo Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros los muralistas mexicanos más importantes. 

“El estilo debe ser una consecuencia de la función social del mural, de la técnica material moderna que exige una obra mural moderna, entendiéndose por técnica material tanto las herramientas como los materiales, principios y métodos de composición perspectiva. Y cuando decimos que debe ser consecuencia de su función social, indicamos que no será sólo producto del artista creador, como del equipo creador, sino también y de una manera determinada, de su correspondiente audiencia o público”, afirmaba David Alfaro Siqueiros. 

En días recientes, la Secretaría de Cultura federal y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, a través del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas, celebraron la cuarta edición del Foro de Muralismo: Identidades y rebeldías, con la participación de académicos, investigadores y creadores. 

Dentro de este encuentro artístico se llevaron a cabo seis mesas de trabajo, en las que participaron muralistas de la Ciudad de México, Hidalgo, Aguascalientes, Michoacán, Chiapas, Colima y Coahuila, así como la maestra María Fernanda López Jaramillo, de la Universidad de las Artes de Ecuador. 

Los artistas participantes en el foro expusieron sus procesos creativos en el muralismo de este nuevo siglo, mientras que los especialistas y académicos presentaron estudios sobre murales de épocas anteriores, para analizar lo que se ha hecho en el pasado, y simultáneamente, mostrar las producciones actuales desde diferentes enfoques metodológicos. 

El muralismo producido en el siglo XXI tiene diversas nominaciones: arte urbano, mural comunitario, colaborativo o popular, y ha pasado de alojarse en recintos cerrados con muros inaccesibles creados para este fin, a alojarse en cualquier calle, en zonas urbanas populares y áreas rurales, por lo que es más cercano a la población. Por sus características, los murales despiertan reflexiones y tocan fibras que no alcanzan otros discursos plásticos, ya que llegan a un público más amplio. Los artistas buscan transformar espacios, entornos y contextos, y comprometerse socialmente, a través de un muralismo vigoroso y multidisciplinario, que convive, se entrelaza y reactiva los modelos anteriores. 

En este sentido, durante su participación el muralista David Celis se refirió a El Segundo movimiento muralista mexicano, que inició hace seis años y ha procurado llevar el arte mexicano a otros países, conjuntando el uso de las nuevas técnicas con las tradicionales, como la incrustación de materiales y el esgrafiado que utilizaban los mayas y mexicas. 

El director del colectivo Murarte explicó que no todo lo que se pinta en un muro es un mural, ya que se deben cumplir ciertos puntos básicos para considerarse una obra muralística, “la durabilidad, la poliangularidad, la leyenda, lo épico, la cinematografía, la arquitectura y la importancia de la figura humana, ya que un mural se compone hasta en un 80 por ciento de figura humana”.