El caminante

En las butacas del cine la gente se contonea al ritmo del mariachi, de una orquesta y de coros, los gritos llenan el ambiente mientras una mujer reparte porciones de tequila que metió de contrabando para hacer más dulces las bebidas y por qué no, hasta ahogar los sollozos de recuerdos, de amores y desamores, se trata de un concierto de Juan Gabriel del año 2013, Mis 40 en Bellas Artes, un artista que murió en el 2016, pero tal y como lo dijo se quedó para siempre.

Pocas figuras latinoamericanas brillan con la intensidad que lo hace el michoacano, su vida fue una sinfonía con matices de tragedia, la cárcel, la pérdida de la madre, una infancia perdida y una adolescencia incierta siempre acompañado de la música, de la noche y personajes buenos y malos, pero al final el triunfo, todos factores para construir su vasta obra.

No tenía una voz perfecta y no la necesitaba porque el éxito no perdona el talento y lo transformó en un cantante que traspasó fronteras geográficas y temporales, cinco décadas después el cine convertido en el Palacio de Bellas Artes, como en sus conciertos de los 90, lo mismo gente grande que niños bailando al compás del “Noa Noa”.

La juventud sigue encontrando pasión en sus letras, les gustan, las cantan a pesar del reguetón porque también hay tiempo, porque vivimos en el 2025 del siglo XXI donde la homosexualidad y el amaneramiento es cotidiano, no se sataniza como en los 70 del siglo pasado, hay libertade y total… ¿a quién le importa? Lo importante es la obra que acompaña al despechado y al “migajero”, al que recuerda a mamá, al eterno enamorado y con las plataformas, lejos de morir el 28 de agosto del 2016, los impactos fueron exponenciales, YouTube y Spotify lo mantienen entre los artistas más escuchados en español.

Más allá de las letras que se funden en la cultura popular, hizo otra clase de aportes, al mariachi le quitó lo solemne y lo volvió jocoso, ahora baila y el traje de charro negro se los cambiaron por colores provocativos y flores, usó el acordeón, el saxofón y el arpa para acompañarlos y metió en el auditorio nacional más de cien mariachis para acompañarlo en una sola pieza musical.

Sin duda un personaje valiente ante la crítica y la burla, cuando en un palenque un macho sombrerudo y de bigote le gritaba improperios sobre su sexualidad, este se contoneaba más y se le ponía enfrente para cantarle “Te pareces tanto a mi” y se hacía pequeñito. A los “televisos” los vetó y no se presentó por muchos años. Defendió sus derechos de autor y fue el único con una ausencia de 7 años en el mercado que regresó con una mano en la cintura para reclamar su lugar.

Un fuera de serie el darle su ligar a sus antecesores, apuntalar carreras de sus contemporáneos y reconocer nuevos valores como queda de manifiesto en la serie de discos Los Dúo. Ese “JuanGa” sigue llenando corazones con su música y lo seguirá haciendo, aunque tenga sus detractores.

No deja de sorprender como tuvo una gran convocatoria en la Cineteca Nacional, luego en el zócalo de la Ciudad de México y ahora en cines, de nuevo un concierto que tiene más de diez años, pero ahí sigue la gente gritando “¿Por qué me haces llorara?” aunque nos duela es el desmadre y como no éntrale. Como dijo en una de sus frases más recordadas «lo que se ve no se pregunta» y lo que se siente con Juan Gabriel pues tampoco…