Bernardo López 

Desarraigar a las personas del campo ha sido una estrategia, diseñada desde hace mucho tiempo, para reducir la soberanía individual, pero, en México, a partir de la entrada del Tratado de Libre Comercio, este fenómeno se pronunció con la migración de la población rural hacia Estados Unidos, entre las décadas de 1990 y 2000.  

No era únicamente el contexto económico, de crisis por los precios del petróleo e inflación, que causó la migración de campesinos, sino de una estrategia para denigrar su labor, de provocar un efecto negativo -al señalarlos de estar rodeados de pobreza y lejos de la supuesta modernidad- para desligarlos del campo, todo esto a pesar que la seguridad alimentaria es prioritaria para cualquier persona. 

Otro fenómeno, ligado al anterior, parte de la manera en que se construyó la economía del trabajo, porque al desarraigar a las personas de la labor del campo y someterlas al trabajo industrial se perdió el enlace entre los humanos y la naturaleza, que ahora se ve lejana, extraña y amenazante. 

La nueva andanada va por la expropiación de la salud de las personas, para crear un nuevo mercado, en donde tengan que someterse a inyecciones de medicamentos, aunque sean experimentales, para calificar como ‘sano’. En caso contrario, serías señalado como delincuente sanitario. Me imagino que esta forma de tratar la salud de las personas fue diseñada a partir de lo que se hace con la tecnología ‘smart’, que va desde celulares hasta pantallas o computadoras, y que debes actualizar luego de cierto periodo tiempo para que sean funcionales.  

Entonces, lo que buscarían es un proceso de actualización de tu estado de salud, a partir de la inoculación o ingesta de medicamentos, que se renovaría cada cierto periodo de tiempo, o al menos eso es lo que podemos apreciar con los experimentos que se hacen con la tecnología ARNm. Todo esto, a pesar que el sistema inmune de los seres humanos lleva millones de años de evolución y que puede sobreponerse a casi cualquier padecimiento, sin necesidad de medicamentos, pues estar sano es la regla y la enfermedad es la excepción. 

Entre las dimensiones de la globalización, se encuentra la económica, que ha sucumbido, también está la globalización financiera, que aún persiste, sin embargo, existe otra que pone en peligro a la humanidad: la globalización bio-digital, la cual está a la caza de los datos genéticos y biométricos de las personas, que en conjunción con lo que hemos expuesto anteriormente va en contra de la soberanía individual, los derechos y la dignidad humana, porque están al asalto de la información más íntima de cada ser vivo, con el objetivo de volverla otro mercado, para venderla al mejor postor.

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