Víctor Hugo Islas Suárez

Cuando yo tenía 15 años y vivía en un barrio de Ciudad de México, era los 90’s, una época en la que la tecnología comenzaba a cambiar la vida cotidiana, pero aún había un encanto especial en las cosas simples, cada mañana, me despertaba con el sonido de su despertador digital, un aparato que consideraba moderno y fascinante, después de desayunar un domingo cualquiera, tomaba mi bicicleta BMX, una de mis posesiones más preciadas y salía a jugar con mis amigos.

En la escuela, mis amigos hablaban sobre sus programas de televisión favoritos, todos estaban enganchados a series como «Los Caballeros del Zodiaco» y «Dragon Ball Z», después de clases, íbamos a casa de alguno de ellos para ver los episodios grabados en sus videocaseteras VHS, a veces, pasaban horas tratando de ajustar la antena de la televisión para obtener una mejor señal.

En aquel tiempo yo era un apasionado de los videojuegos, pasaba tardes enteras en las maquinitas del barrio, jugando títulos como «Street Fighter II» y «Mortal Kombat», cuando no estaba en las maquinitas, me quedaba en casa jugando con su consola Super Nintendo, disfrutando de juegos como «Super Mario World» y «The Legend of Zelda A Link to the Past».

La música era otra gran parte de mi vida tenía una colección de casetes que escuchaba en mi walkman mientras hacía la tarea o paseaba por el parque miss bandas favoritas eran Nirvana, Pearl Jam y Guns And Roses a menudo, grababa mis canciones favoritas de la radio en casetes vírgenes para poder escucharlas una y otra vez.

Los fines de semana, iba con mis amigos al centro comercial de Satélite, allí, pasábamos horas en las tiendas de discos Tower Records o MixUP, comiendo helados en pequeños cascos de futbol americano (los habían sacado de nuevo) y por supuesto, nos encantaba ir al cine a ver las últimas películas de acción y ciencia ficción, cómo Batman, Parque jurásico o Terminator 2.

Era una vida llena de buenas cosas, aunque no tenía acceso a internet ni a teléfonos móviles, encontraba formas de divertirme y mantenerme conectado con los amigos, no había computadoras en las casas, y pagar el “cable” era lo más genial de aquellos tiempos.

Se tenia la moda de las tarjetas telefónicas, las cuales habían desplazado a los teléfonos de monedas, de igual manera fue fascinante ver como llegaba el CD a nuestras vidas, desplazando a los discos de acetato y a los casetes, fue una locura, la genta corría a las tiendas a comprar los CDs del momento, los domingos por las tardes estaba el “ritual” de aquel programa de TV en donde salían las estrellas del momento, y era más que un lujo el poder asistir a un concierto, de cualquier banda, en 1990 Madona dio su primer concierto en México, en 1993 lo hizo Michael Jackson, Metallica también vino ese año, U2 en el 95, los Rolling Stones también en ese año.

Tomábamos fotografías con cámaras Kodak que llevamos a revelar, y almacenábamos en álbumes en donde se ponían amarillentas con el tiempo, Pepsi decía ser mejor que Coca Cola y organizo un reto en plazas públicas, por cierto, Pepsi perdió, creo que ya casi nadie recuerda eso.

Me divertía, vivía, convivía, mandaba Bipazos a las personas, y conocí el primer celular en manos de uno de mis tíos, un StarTac de Motorola, los medios tiempos del Super Tazón eran de verdad un suceso, no como ahora, los jóvenes no teníamos ese resentimiento con el mundo, no como ahora, y hacíamos burla a cualquier niño que se pareciera al del “chaca chaca”, y Ximena Sariñana, nos pedía ponernos el cinturón, había muchos Vochos por la ciudad, pero ya de eso hace mucho tiempo, se fueron, y eran de verdad grandiosos, el nuevo milenio invadió con su tecnología, y ahora son solo recuerdos, los 90’s se fueron, para mi terminaron aquella noche que fui a ver Toy Story 2 al cine, fue el 31 de diciembre de 1999.