David Hidalgo 

Octubre es el mes de la “Identidad de los Pueblos Originarios”, que no es otra cosa que el respeto a la diversidad cultural y el reconocimiento a toda esa sabiduría que han sabido preservar quienes generación tras generación han logrado fortalecer esa cosmovisión indígena que, lamentablemente corre el riesgo de ser acaparada por quienes podrían verse favorecidos con la aprobación del Proyecto de Decreto por medio del cual se pretende reformar la Ley General de Salud. 

Y es que, mañosamente, las 3 iniciativas que contempla esta reforma de Ley, ponen en riesgo el ejercicio de las mujeres y hombres medicina, quienes han dedicado su vida a rescatar el conocimiento, las costumbres y nuestras tradiciones ancestrales, con la finalidad de ofrecer servicios de salud primaria en las comunidades más alejadas y pobres de nuestro país, e incluso, atendiendo a las personas que no tienen acceso a los servicios de salud pública y viven en zonas urbanas; o a quienes, después de haber deambulado ante todo tipo de especialistas, han logrado encontrar una verdadera cura con quienes para sanar emplean su conocimiento de balance y equilibrio personal. 

Afortunadamente el Jefe del Ejecutivo se ha comprometido a solicitar una revisión minuciosa de este dictamen, luego de responder los cuestionamientos que la periodista Marta Obeso le hiciera en “La mañanera” del pasado jueves 14 de octubre, poniendo en la agenda pública de México, la importancia de fortalecer y promover el ejercicio de la Medicina Tradicional Indigenista, ya que esta representa una opción fundamental para mejorar la salud de millones de mexicanos, quienes con su testimonio han certificado la pertinencia de la existencia de a quienes se les ha llamado curanderos. 

Nos sumamos al rechazo de la certificación que representantes de la iniciativa privada pretenden hacer a nuestros médicos tradicionales indigenistas, ya que resulta incongruente que alguien que no tiene el conocimiento de las técnicas que emplean curanderos, parteras, hueseros, hierberos, rezanderos, sobadores y todos aquellos que en los pueblos originarios son reconocen como médicos; pretenda lucrar realizando una evaluación, cuando quienes deberían de evaluarnos son todos estos sabios que emplean todo lo que nos ofrece la naturaleza para sanar. 

Sabemos que la emergencia sanitaria por la que atraviesa la humanidad, ha incrementado nuestro interés por conocer formas naturales para mejorar nuestra salud, y es justo ante esta inquietud cuando debemos de honrar y dignificar el conocimiento ancestral con el que los médicos tradicionales indigenistas atienden al 80 por ciento de los mexicanos que no tienen otra opción más que ir con un curandero. 

Lo que sí se requiere es saber diferenciar la Medicina Tradicional Indigenista de prácticas contemporáneas que la misma Organización Mundial de la Salud (OMS) ha descrito como complementarias o alternativas, en las que se encuentra un amplio conjunto de prácticas que no forman parte de nuestras tradiciones, que no están integradas al sistema de salud, pero que han demostrado su pertinencia y eficacia en el beneficio de la salud de miles de personas. 

Lo que sí se requiere es certificar otros enfoques terapéuticos que provienen de otras partes del mundo y que, también se han empleado desde hace miles de años, tales como la homeopatía, acupuntura, quiropráctica y herbolaria, para las cuales ya se contemplan su regulación.