Víctor Gutiérrez Juárez 

La contaminación del aire continúa siendo uno de los problemas de salud pública más importantes que afecta a la población en la Ciudad de México y otros estados de la república mexicana. La exposición a los contaminantes atmosféricos como el material en partículas, se asocia con diferentes daños a la salud humana y la magnitud de los efectos depende de las concentraciones que se encuentra en el aire, de la dosis que se inhala, del tiempo y la frecuencia de exposición, así como de las características de la población expuesta. 

El material en partículas respirable presente en la atmósfera de nuestras ciudades en forma sólida o líquida (polvo, cenizas, hollín, partículas metálicas, cemento y polen, entre otras) se puede dividir según su tamaño, en dos grupos principales. A las de diámetro aerodinámico igual o inferior a 10 µm o 10 micrómetros (1 µm corresponde a la milésima parte de un milímetro) se les denomina PM10 y a la fracción respirable más pequeña, PM2.5.  Estas últimas están constituidas por aquellas partículas de diámetro aerodinámico inferior o igual a los 2.5 micrómetros, es decir, son 100 veces más delgadas que un cabello humano. 

En el caso de las partículas PM2.5 su tamaño hace que sean 100% respirables ya que viajan profundamente a los pulmones, penetrando en el aparato respiratorio y depositándose en los alvéolos pulmonares, incluso pueden llegar al torrente sanguíneo.  

Por otro lado, las fuentes de emisión de las partículas PM10 pueden ser móviles o estacionarias, destacando que un 77,9% de la cantidad total emitida de PM10 procede del polvo resuspendido existente en la atmósfera. La industria, la construcción y el comercio con un 7,6% y el transporte con un 6,5% representan otros focos de contaminación de especial relevancia. 

La exposición a largo plazo a niveles altos de PM2.5 se asocia significativamente a hospitalizaciones por neumonía adquirida, mientras que la exposición a PM10 durante los meses de verano se asocia con mayores síntomas de apnea obstructiva y menor saturación durante el sueño.  

Las investigaciones señalan que la exposición a PM2.5 produce cambios en la variabilidad de la frecuencia cardiaca. Un estudio llevado a cabo con adultos mayores de la Ciudad de México encontró que por cada incremento de 10 µg/m3 en la concentración de PM2.5 se redujo el ritmo cardiaco en un 5% y el efecto fue mayor en pacientes hipertensos. La evaluación de la exposición individual a PM2.5, indicó que por cada incremento de 10 µg/m3, se presentó una disminución de 0.008 unidades en el componente de alta frecuencia de la variabilidad de la frecuencia cardiaca.  

Estudios epidemiológicos relacionan la exposición a PM10 y PM2.5 con un incremento en la mortalidad por causas no externas, principalmente cardiovasculares y respiratorias; también se ha relacionado con la mortalidad postneonatal. Algunos estudios señalan un incremento en la mortalidad debido a complicaciones respiratorias cardiovasculares, algunos tipos de cáncer y afecciones al desarrollo, todos ellos relacionados con la exposición a la fracción fina de ozono y sulfatos. 

Amigo lector hagamos las siguientes reflexiones: 

¿Es suficiente con prohibir la circulación de vehículos en la CDMX?                        

¿Tendrá la capacidad nuestro sistema de salud para atender a los afectados de las concentraciones de las partículas PM10 y PM2.5, a mediano y corto plazo?