Miguel Ángel Casique Olivos 

Se sabe, con detalle y certeza, que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, cuando en el 2018 era candidato electoral, sus asesores fueron muy enfáticos en la recomendación de que él «tenía que contener sus enojos»; al parecer «hizo» caso e invirtió los papeles, logró que muchos de sus contendientes sí se enojaran. Sin embargo, tres años después esa «cualidad» ya no la tiene y le está trayendo problemas muy serios para operar y llevar a cabo su forma de gobernar con las demás fuerzas políticas; más aún, le está generando detrimento en su popularidad y una crispación social con todos los sectores sociales 

Todo indica que sus impulsos erróneos de sentirse “el mesías”, amo y señor de Palacio Nacional, el dueño de Morena y casi un «dios» en lugar de un representante popular, le ha generado bastantes problemas en lugar de beneficios, tanto que en los pasillos de Palacio Nacional y los de Morena, se comenta que ya hay muchas inconformidades, diferencias y desacuerdos que están acabando con la «unidad» del partido oficial y que podría capitalizar la Oposición para la elección que se realizará en el mes de junio de 2022.  

El termómetro de los hechos más recientes nos brindan un saldo adverso y complicado para Morena y AMLO: Primero, fue el golpe de la consulta popular donde apenas alcanzó unos 15 o 16 millones de votos comparado con los 30 millones que logró para llegar a ser Presidente; segundo, el encontronazo que recibió por parte de la Oposición en la Cámara de Diputados donde no pasó su tan soñada Reforma Eléctrica al no contar con la mayoría calificada porque en 2021 perdió poder, golpe podría volverse a repetir en la Reforma Electoral y el blindaje pretendido hacia la Guardia Nacional y; tercero, las protestas feministas que denunciaron inseguridad, feminicidios y lentitud del gobierno para buscar rápidamente a las desaparecidas como el trágico caso de Debanhi.  

Morena, la 4T y AMLO han entrado en crisis, aunque lo quieran ocultar o negar; por ejemplo, Ricardo Monreal, uno de los principales representantes de Morena ha referido que “Ante la falta de acuerdos (en las Cámaras de Senadores y Diputados) se vislumbra mayor dificultad para alcanzar acuerdos y consensos. Ambas Cámaras podrían entrar en un proceso de parálisis legislativa en temas fundamentales que requieren mayorías calificadas”.  

López Obrador está cayendo en un exceso de confianza y todavía piensa que el respaldo que tuvo en el 2018 se iba a mantener sin mayor movimiento de aguas; pero ya pasaron casi 4 años de gobierno y las cosas no son iguales; las malas decisiones desde el 2020, para mitigar los efectos de la pandemia contra la población, le están sumando ya en contra; mala atención en la salud de los mexicanos, violencia e inseguridad, pobreza extrema, carestía en productos de primera necesidad y un desvío de recursos oficiales hacia obras de relumbrón como el Tren Maya y el AIFA, lo han convertido en el peor gobierno de las últimas 3 décadas; un gobierno que con el afán de «cambiar todo» destruye todo y al último no cambia nada, convirtiéndose en un “gatopardismo obradorista”.