Enrique Escobedo

La denominada generación de la bomba o “baby boomers”  ya pasa de los sesenta años y las nuevas generaciones la estigmatizan de ser la creadora de la contaminación y del neoliberalismo y, no dejan de tener cierta parte de razón.  Pero también es la inventora del desarrollo computacional, los teléfonos celulares y  la conciencia ecológica.

Veamos, es un término demográfico y posteriormente sociológico utilizado para describir a la generación que nació entre 1945 y 1965, pues el mundo experimentó un inusual repunte de las tasas de natalidad, lo que la identifica como altamente numerosa. Es la generación que vivió los asesinatos de los hermanos John y Robert Kennedy, la llegada del hombre a la luna, la guerra de Vietnam, el pacifismo hippie, el rock, los Beatles, la píldora anticonceptiva y la liberación sexual, la televisión, el movimiento feminista, protestas, drogas y la exigencia de las libertades democráticas y la igualdad social. Sobre todo vivieron su juventud al amparo del Estado de Bienestar o “Welfare state”, lo que les permitió ser  la generación privilegiada de las oportunidades. Tal vez ninguna otra generación ha tenido tantas opciones para escoger su destino como esa.

Esas oportunidades se multiplicaron cuando en octubre de 1957 los soviéticos, en plena guerra fría, lanzaron al espacio exterior el primer satélite artificial, el Sputnik y occidente se vio rebasado en la carrera armamentista. A partir de ese momento los gobiernos norteamericano y europeos impulsaron a los “baby boomers” de sus países, mediante generosas becas que extendieron a algunos países como México, a fin de que estudiaran física, química, matemáticas y biología y se impulsara el avance científico-tecnológico.

Por lo anterior, también se beneficiaron los estudiantes de humanidades, ciencias sociales y económico-administrativas y se destapó una gran cantidad de conocimiento que desembocó en conocimiento teórico y aplicado en el marco de la ciencia critica. A lo cual habría que añadir que las comunicaciones y los satélites artificiales permitieron transmitir en vivo el mundial de futbol de 1966 en Inglaterra y las olimpiadas mexicanas de 1968, con lo cual la tesis Herbert Marshall McLuhan de la Aldea Global quedó demostrada.

Esa generación supo aprovechar su cualidad de clase media emergente y amparada por el modelo keynesiano de la economía capitalista de Estadofue, en muchos sentidos revolucionaria, de ahí que cuando llegó a los treinta años se fragmentó en al menos cuatro grandes grupos: a) los que decidieron convertirse en emblemas del capitalismo o “los nuevos cuellos blancos”; b) los creadores de la petroquímica secundaria y el impulso (hoy maldecido) de los plásticos y fibra de vidrio; c) los impulsores de la conciencia ecológica (adoradores del delfín Flipper)  que derivó en los partidos verdes y, d) los desarrolladores de la informática y sus aplicaciones automatizadas en la sociedad.

Hoy son acaparadores de grandes fortunas y son altamente consumistas. Sus hijos apenas hemos gozado un poco mejor la calidad de vida que ellos, pero sus nietos difícilmente tendrán las mismas oportunidades que los abuelos en términos de movilidad social y opciones de desarrollo.

Es una generación que rompió muchos paradigmas y gozó como pocas al mundo. Es cierto que nos queda algo a deber, pero nosotros también tenemos mucho que hacer como generación nueva..