Por Rafael Lulet
El pasado jueves 7 de noviembre se marca una fecha vergonzosa, la imposición de una militante y amiga del presidente López Obrador en la CNDH, quien vociferaba en los 12 años de lucha por llegar a la presidencia un “cambio” y se hacía representar por una izquierda la cual era más de centro, pero muchos nos identificábamos en varios aspectos con ese discurso, manifestándose ir en contra de los regímenes pasados, donde la simulación y las imposiciones eran parte representativa de esos modelos políticos, y que ahora estando él al poder ha traicionado a muchos y decepcionado a otros a pesar de seguir la simpatía de personas de diversos sectores quienes aún no perciben esa situación, pero el tiempo lo irá haciendo.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos tuvo sus inicios en 1990 en la administración de Salinas de Gortari creado por presiones internacionales y por la necesidad de protegernos ante los excesos del Estado, siendo un contrapeso más, ya de por sí no eran suficientes con el fundamento de una República los cuales vendrían siendo los tres poderes extraídos de pensadores liberales como John Locke, Jacques Rousseau y Montesquieu, principalmente; ya habíamos visto esos abusos de poder de los gobiernos, y que sería por demás comentar siendo el más conmemorado el del movimiento del 68, marcando con sangre la historia, y quien lo documentará en un libro para todas las generaciones Elena Poniatowska, simpatizante del actual Presidente.
Es cierto, el primer ombudsman elegido al frente de la CNDH fue Jorge Carpizo Mcgregor, con tendencias priistas, pero se presumía que con la llegada de una supuesta ideología de izquierda y con todo la lucha proclamada era para cambiar y mejorar las instituciones y no poner como pretexto esta situación como lo hizo el presidente al imponer a Rosario Piedra Ibarra al frente de esa institución, hija de otra luchadora social, quien se caracterizó como una persona justa tan así, que no quiso aceptar la medalla Belisario Domínguez denotando con ello su integridad, contraria a la de su descendiente.
El tener a una persona cercana al presidente y militante reconocida por ella misma, en el mantener por 5 años es una simulación en la defensa de los Derechos Humanos, con el fraude gestado en el Senado, con su elección la cual quedará manchada su designación durante toda su administración en este organismo tan importante para los mexicanos; indicando con esto que López Obrador trae la consigna de quitar los contrapesos para obtener al final un principado como lo dirían aquellos grandes pensadores liberales, o sea: el poder absoluto.
El problema que encontramos actualmente es tener a una oposición desgastada, desintegrada, mal parada ante el pueblo por tanto abuso de tantos años durante el modelo neoliberal, sin tener una figura representativa la cual pueda contrarrestar a Andrés Manuel, eso lo está aprovechando el presidente, y es importante para el país tener un antagónico político para impedir los abusos de poder del Estado, López Obrador fungió por muchos años esa figura y fue importante en su momento, pero ahora como gobierno le quedo muy grande el saco y a los Pri-Anistas de igual manera la camiseta de opositores.











