Al interior de Leonora Carrington

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Aleinad Mina

La exposición “Leonora íntima: objetos y memorias”,  instalada en la Casa de la Primera Imprenta, en el centro histórico, constituye una ventana al universo surrealista de Leonora Carrington. Son más de 200 piezas, que incluyen objetos personales, muebles, bordados, fotografías, dibujos y esculturas donadas por el hijo de la autora, Pablo Weisz Carrington, las que permanecerán expuestas hasta el 24 de enero de 2020 en este centro de difusión cultural de la Universidad Autónoma Metropolitana. Para aderezar su ambiente daremos un reencuentro de los sucesos más relevantes de la vida de esta creadora.

La artista plástica y escritora inglesa Leonora Carrington cocinó con fuego alquímico su mundo interior. Desde niña, Leonora tuvo una actitud desafiante. Era hija de una familia aristócrata de Lancashire, Inglaterra. Por las exigencias familiares se vio obligada a cumplir con sus deberes sociales, pero su temperamento provocador, la llevó a vivir –como Elena Poniatowska dice- su manual de desobediencia. Viajó a Londres en 1936 para iniciarse como artista en la academia de Amédée Ozenfant. Su amorío apasionante con Ernst “el pájaro Loplop”, purificó su ser, pasando desde la llama más cálida hasta la calcinación de su alma.

Max Ernts y Leonora vivieron idílicamente a las afueras de París. Al estallar la segunda Guerra Mundial, Max fue encarcelado por ser alemán, lo que causó en ella una gran depresión. Los estragos provocados por la guerra la llevaron a experimentar un estado de nigredo, tras la separación de Max y su estancia en el hospital psiquiátrico de Santander. Leonora reflejó en sus pinturas una pulverizada ruina de dolor. Muchos intelectuales y artistas tuvieron que abandonar Europa. Con ayuda del periodista mexicano Renato Leduc se exilia y llega a México en 1942; en un país, que, según Breton, es el país surrealista por excelencia.

México armonizó con la vida surrealista, era un territorio místico cuya cultura sincronizaba con sus sentidos surrealistas. Para Leonora los primeros años en México fueron difíciles. Sin embargo, tras su disolución y siguiendo la latente naturaleza se encontró con otros amigos refugiados, entre ellos Kati Horna, Remedios Varo y Edward James, esto le permitió construir un nuevo mundo fantástico, de fulgor excéntrico, encarnado en pintorescos cuadros, enigmáticas esculturas y relatos fantásticos.

Con toques melancólicos, pero no por eso menos fantásticos, se dejó atrapar por el folclore de  México, la mitología maya, las tradiciones de muertos, la cotidianidad excéntrica de los mercaditos, pero sobre todo por la llegada de sus hijos Gabriel y Pablo Weisz, que en definitiva fueron rayitos solares que iluminaron su vida.

Leonora hizo de su gran obra alquímica un poder creativo materializado en pinturas, esculturas novelas, cuentos, obras de teatro y cine. En el círculo surrealista se encontraban mujeres artistas de gran talento, sin embargo, Carrington tenía una especial capacidad en el manejo de la técnica, la autenticidad de sus personajes, su bagaje cultural, que incluía conocimientos de alquimia, ocultismo y mitología, y su peculiar espíritu autónomo, que la llevó a ocupar un lugar primordial en las exposiciones internacionales del surrealismo, encantando hasta las exigencias más exquisitas de los amantes del arte.

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