· A semanas de que México sea sede del partido inaugural del Mundial, la narrativa oficial sobre la preparación logística comienza a mostrar fisuras
· El aeropuerto lejos de consolidarse como un punto estratégico de entrada internacional, atraviesa una tendencia negativa
María Escalante García
A semanas de que México sea sede del partido inaugural del Mundial el próximo 11 de junio en la capital del país, la narrativa oficial sobre la preparación logística comienza a mostrar fisuras. El caso del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) es particularmente revelador: lejos de consolidarse como un punto estratégico de entrada internacional, atraviesa una tendencia negativa que contrasta con las expectativas del propio gobierno federal.
Mientras la administración encabezada por Claudia Sheinbaum proyecta la llegada de 5.5 millones de visitantes adicionales por los 13 partidos programados en territorio nacional, los datos oficiales exhiben una realidad distinta. Según la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), el AIFA atendió en enero apenas 29 mil 544 pasajeros en vuelos internacionales, una caída de 21.1 por ciento respecto al mismo mes de 2025.
El dato no es aislado. Se trata de una tendencia sostenida que ya suma 10 meses consecutivos a la baja, lo que evidencia problemas estructurales en la operación y atractivo del aeropuerto. A punto de cumplir su cuarto aniversario, el AIFA no ha logrado consolidarse como una alternativa competitiva frente a otras terminales, particularmente en el segmento internacional, que resulta clave ante eventos de escala global como un Mundial.
Este descenso en el flujo de pasajeros internacionales plantea serias dudas sobre la capacidad real del sistema aeroportuario para absorber la demanda extraordinaria que implicará la justa deportiva. Más aún cuando el AIFA fue concebido como pieza central de la reconfiguración del espacio aéreo del Valle de México, en sustitución de proyectos cancelados y bajo la promesa de eficiencia, modernidad y descongestión.
Sin embargo, los números reflejan lo contrario: baja ocupación, limitada conectividad internacional y una percepción persistente de lejanía y dificultades logísticas para los viajeros. La falta de rutas suficientes y la preferencia de aerolíneas y pasajeros por otras terminales continúan debilitando su posicionamiento.
En este contexto, la expectativa de millones de visitantes adicionales parece más un acto de optimismo político que una proyección sustentada en la realidad operativa. Si el principal aeropuerto alterno del país no logra atraer ni mantener el flujo internacional en condiciones normales, resulta cuestionable su capacidad para responder ante una demanda extraordinaria en un periodo tan corto.
El Mundial no solo pondrá a prueba la infraestructura deportiva del país, sino también la viabilidad de decisiones estratégicas en materia de transporte. Y en ese examen, el AIFA llega con cifras en contra, rezagos acumulados y más preguntas que respuestas.
Visitantes adicionales
El Gobierno federal ha puesto sobre la mesa una cifra ambiciosa: 5.5 millones de visitantes adicionales por los 13 partidos del Mundial que se disputarán en el país. Sin embargo, más que un escenario alentador, la proyección abre una serie de dudas sobre la capacidad real de respuesta del sistema aeroportuario mexicano, particularmente ante un evento de escala global.
Con cinco partidos en la Ciudad de México, cuatro en Guadalajara y cuatro en Monterrey, la presión operativa no solo será constante, sino concentrada en tres de las zonas metropolitanas más demandadas del país. El partido inaugural del 11 de junio, programado en la capital, marcará el primer gran reto logístico, evidenciando desde el arranque si la infraestructura está realmente preparada o si se trata de un optimismo sin sustento.
El problema no radica únicamente en la cantidad de visitantes, sino en la planeación. A pesar del anuncio de millones de turistas, no se han presentado con claridad estrategias integrales que garanticen eficiencia en traslados, conectividad aérea suficiente y coordinación entre aeropuertos. La saturación histórica del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México sigue sin resolverse de fondo, mientras que alternativas como el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles no han demostrado, hasta ahora, capacidad para absorber un flujo internacional de gran escala.
A esto se suma la presión simultánea sobre los aeropuertos de Guadalajara y Monterrey, que, aunque con mejor desempeño operativo en algunos indicadores, tampoco están exentos de limitaciones en rutas, logística terrestre y capacidad de respuesta ante picos de demanda. La experiencia internacional ha demostrado que eventos de esta magnitud requieren años de preparación efectiva, no solo estimaciones optimistas.
El riesgo es claro: una sobreestimación de visitantes sin una infraestructura plenamente funcional puede traducirse en saturación, retrasos, mala experiencia para turistas y un golpe a la imagen del país en uno de los escaparates más importantes a nivel global. Más allá de los números, lo que está en juego es la credibilidad institucional y la capacidad de México para cumplir con las exigencias de un evento de talla mundial.
En este contexto, el Mundial no solo será una fiesta deportiva, sino una prueba crítica para un sistema aeroportuario que, hasta ahora, sigue mostrando más dudas que certezas.















