Esperemos que Santa Lucía sea la solución aeroportuaria que México necesita

Miguel A. Rocha Valencia

Después de conocer el proyecto, analizarlo durante casi diez meses y decretar que no había asomo de corrupción en él, resulta que el nuevo aeropuerto internacional en Texcoco, es un barril sin fondo que casi acabaría con el país, las finanzas públicas y no serviría para casi nada.

Incluso con sus aseveraciones, el secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, cuya actitud denota más una revancha que una actuación seria de un funcionario altamente calificado, desdice todo lo que él mismo aceptó en relación al NAIM.

Pero además, precisa que tras el proyecto, había muchos negocios millonarios de quienes en é participan y casi los califica de “inconfesables”, cuando todo mundo sabía lo que ocurriría con lo que es hoy el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Tanto que la administración pasada de la CDMX quería convertirlo en un gran parque, un proyecto ecológico.

Claro, otros querían hacer ahí lo que Carlos Slim quiso hacer en el bordo de Xochiaca, un nuevo Santa Fe. Eso ya se sabía y hoy lo sacan como un secreto tenebroso de la oligarquía.

Para qué tanto argüende, si de justificar lo injustificable se trata, pues para qué se desgastan. Tardaron muchos años en tomar la decisión política de hacer el nuevo aeropuerto y en un mes lo echaron para abajo, ni modo que asuma la actual administración las consecuencias de sus decisiones.

Gobernar es eso, asumir responsabilidades, justificaciones puede haber muchas, incluyendo la de que el pueblo sabio y bueno lo decidió mediante una encuesta legal perfectamente organizada, sin asomo de duda.

El caso es que si ya se hizo, adelante, ahora lo que sigue, aunque claro si no resulta el proyecto en Santa Lucía como lo prometieron en base a la idea de José María Riobóo, ya encontrarán pretextos, pero así como dice el titular de la SCT respecto al NAIM, tendrá que tomarlo en cuenta en la nueva locación, pues ahí ni siquiera hay estudios edafológicos reales, casi todo se supedita a un croquis, plan maestro o idea central.

Lo de impacto ecológico no hay, lo del rescate arqueológico tomará meses y hasta años, los estudios de aeronavegabilidad, sólo que se tomen los que hizo Mitre, aunque la actual administración la tenga descalificada.

Veremos que dice la OACI ahora que encontraron un cerro sembrado por los fifís, que sucede con el actual AICM a la hora de intentar una operación simultánea. Bueno, esperaremos los impactos inflacionarios y de paridad cambiaria para ver que sucede. Por lo pronto, el proyecto Santa Lucía subió ocho mil millones en apenas cuatro meses de su concepción.

Falta que esté listo el proyecto ejecutivo que hasta donde sabemos tarda meses, aunque el actual presidente haya decidido “porque no le cabe en el pecho”, colocar la primera piedra de algo donde aún está en duda la dirección de pistas y locación definitiva de la torre de control.

Por el bien de México, ojalá sea un proyecto exitoso. Yo, no lo creo. Donde no hay duda es que el pueblo sabio ya debe otros 200 mil millones de pesos.

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