Gabriela Lazcano
Imagínese usted, por un momento, ser presidente de México en estos momentos. Imagínese también que es conocedor de todos los arreglos que el gobierno de México ha hecho con el CO, e imagine también que, por supuesto, está al tanto de cada una de las prebendas y obsequiados puestos que se han dado a cambio de favores.
¿Qué haría usted?
¿Sería consecuente con su juramento? Por supuesto que no. La propia política no permite eso. Es una lástima, pero así es. Pero ahora imagínese algo peor. Vea este panorama:
El hombre más buscado por años y años —décadas—, el hombre que preside uno de los cárteles más sanguinarios de este país, por razones aún no aclaradas del todo, se encuentra en EE. UU., y, obviamente, lo encarcelan y está en juicio. Ahora, ese hombre le pide a usted que lo defienda, que es un ciudadano mexicano y que no llevó el debido proceso para estar allá. ¿El debido proceso?
La Señora ya declaró que está abierta una carpeta de investigación y que se verá el asunto en la fiscalía, es decir, le está enviando el mensaje: “Espérame tantito”. ¡Al hombre más buscado por décadas!
Si la política mexicana no fuera un basurero, la Señora debería dar las gracias y no esperar el debido proceso. Pero no puede, simplemente porque ese mismo hombre sabe tanto de su antecesor innombrable y de ella, de sus compinches de partido, que sencillamente le es imposible no tratar de defenderlo. Además, ya hay amenaza de por medio: “O me sacan de aquí o habrá un colapso”. ¡Pobre Señora! ¿Por quién se decantará? ¿Por el fantasma de Palacio o por el debido proceso?
Será interesante ver su postura, sus malabares y las nuevas frases que acuñará. Porque, al final, no me vengan “con que la ley es la ley”.
Ahora imaginen este otro problemita que tiene la Señora enfrente. Resulta que, como resultado de la Auditoría de la Federación, hay un faltante de nada más 510 mil millones de pesos. Hagamos un ejercicio matemático: si dividimos eso entre los seis años que dura un sexenio, tenemos que faltan, del bolsillo de lo recaudado por impuestos, nada más 85 mil millones por año que no sabemos a dónde fueron a parar. Si hablamos de austeridad republicana y de que “ellos no mienten”, sería maravilloso que nos dijeran qué obras se realizaron, cuántas carreteras se construyeron y cuánta medicina se compró.
En este país, donde actualmente se sufre por tanta violencia, por la falta de medicamentos y por tantos sobornos, es imposible saber dónde está ese dinero.
El narcotráfico ha tomado este país y nosotros estamos ante la peor crisis en años. Por eso es que decido que, mientras la Señora no haga lo que juró que haría, mientras no decida tener la altura política y la personalidad que requiere un país como México, simplemente no me representa y no, mi mente no la acepta con A, no la ratifica con A, no la aprueba con A y, mucho menos, la ratifica con A. Lo siento, presidente con A.













