Un tráiler sin frenos. Es un escenario lo suficientemente aterrador que cuesta trabajo pensar en alguna manera de volverlo aún más inquietante, pero la realidad es experta en romper esas barreras de la imaginación: un tráiler sin frenos, y sin conductor, dirigido intencionalmente contra una multitud de personas.   

Es difícil olvidar las imágenes de lo que ocurrió la semana pasada en la caseta de Palo Blanco en la Autopista del Sol, cuando, durante un enfrentamiento entre algunos estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa y miembros de la Guardia Nacional, los normalistas tuvieron la anormal idea de capturar un tráiler, bajar al conductor, ponerlo en neutro y dejar que la pendiente de la carretera y la gravedad hicieran su trabajo para que el vehículo y sus toneladas se proyectaran en contra de los elementos del cuerpo de seguridad que resguardaban la caseta. 

Ante un evento así, lo normal (siquiera por mantener las formas más básicas de la demagogia) sería escuchar a las autoridades decir que se investigaría el hecho para encontrar a los responsables “tope donde tope”. Afortunadamente, más allá de la destrucción del módulo de información turística contra el que topó el tráiler, no se registraron heridos ni víctimas mortales. Sin embargo, una vez más la realidad nacional superó los estándares de la normalidad: Abelina López, alcaldesa de Acapulco, resolvió el caso más rápido que Sherlock Holmes diciendo que no había a quién culpar porque el tráiler “iba solo” y, apelando al “sagrado derecho a disentir”, recriminó a los que “piden mano dura y represión contra el movimiento social” porque para ella la única solución es el diálogo.  

Ayotzinapa es un tema vigente. Resulta obvio que esa noche de septiembre de 2014 siga generando tal dolor y tal indignación: el crimen sigue impune, la investigación es un misterio y parece estar atascada. Pero la autoridad no puede buscar compensar sus omisiones (como permitir que uno de los principales presuntos responsables de la masacre se fugara a un país con el que no existe tratado de extradición) con más impunidad e incompetencia. 

Si buscamos “errar” en el diccionario, nos toparemos con que es rico en significados: equivocarse, estar en falta, andar sin rumbo o divagar. Dice el proverbio que errar es humano, y así buscamos consolarnos por las múltiples fallas que cometemos. Sin embargo, en este caso, el tráiler errabundo se convierte en un símbolo adecuado para representar la manera en la que se conduce a nuestro país: sin rumbo, lleno de errores, en un descenso descontrolado, como si se manejara solo y donde nada es culpa de nadie.