Ningún hombre carga su mente con asuntos pequeños

a menos que tenga alguna razón muy buena para hacerlo

Sherlock Holmes

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

No cabe duda de que en los números de las encuestas la presidenta Claudia Sheinbaum goza de popularidad y aceptación. Obviamente, en sus actos hay aplausos y gritos que amplifican mediante los medios de propaganda del Estado, además de los “comunicadores” del régimen, pero también están las protestas de los inconformes que siempre ha habido, no importa quién esté en el gobierno.

Debería haber preocupación en Palacio Nacional. Ha comenzado el proceso electoral y la calle les comienza a hablar, y no es precisamente con aplausos, sino con pitos y protestas. Así le sucedió el fin de semana pasado, en diferentes frentes, por diferentes motivos, pero todos contra administraciones de la 4T. Lo anterior contrasta con la narrativa oficial de que todo va “requetebién”, pero no todo son encuestas.

En algunos lugares, como Hidalgo, hubo inconformidades de maestros que se colaron al evento de Claudia Sheinbaum. En Veracruz, trabajadores de la salud se manifestaron por la falta de insumos y medicinas. Y ciudadanos salieron a marchar porque Sinaloa simplemente no encuentra paz desde hace muchos meses, y menos con el escándalo de Rocha Moya y su camarilla.

Desde lo más alto vinieron las descalificaciones de aquellos que son inconformes, no podría ser de otra forma. Se minimizan sus reclamos o se pretende que todo aquel que cuestiona a la llamada Cuarta Transformación forma parte de una conspiración; esa es la constante, pero eso no resuelve ningún problema. Gobernar también significa escuchar a quienes están en desacuerdo, porque el gobierno debería ser para todos.

Porque una cosa es la concentración organizada para respaldar a la presidenta y otra muy distinta es la inconformidad que aparece espontáneamente cuando llega el poder. Una fotografía llena de simpatizantes puede ser políticamente rentable, pero no necesariamente refleja lo que ocurre en las calles.

La crisis política como la de Sinaloa tampoco ayuda mucho. Ahí está latente el caso de Rocha Moya, quien ha estado en el centro de una controversia que no desaparece con discursos ni con licencias. Su regreso a la escena política provocó nuevos cuestionamientos, mientras que el senador morenista Enrique Inzunza también enfrenta señalamientos que han colocado su nombre en el centro de la discusión pública y, según se comenta en los pasillos del Senado, evita contestar a la prensa. Ambos han sido mencionados en investigaciones y acusaciones relacionadas con presuntos vínculos con el crimen organizado, algo que corresponde esclarecer a las autoridades competentes.

Aunque la minimicen y no la quieran, la protesta no es una traición a la patria ni una falta de respeto al poder. Es una válvula de escape de una sociedad que todavía tiene derecho a disentir, como lo hicieron quienes hoy gobiernan.

Segunda semana de protestas, y es que México, guste o no en Palacio Nacional, no cabe en una plaza llena de simpatizantes escuchando que todo va bien. Ahí está el otro México, el de las carencias, el dolor y los desaparecidos… pero mejor ahí la dejamos.

Escríbeme tus comentarios al correo suartu@gmail.com y sígueme en la cuenta de Instagram en @arturosuarez_.

Hasta la próxima.