• Desde el gobierno gritan al tlatoani que cambie, pero no escucha ni a los suyos 

Miguel A. Rocha Valencia 

En menos de un mes, el encargado de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Garza Aldape insistió en la necesidad de un clima de certidumbre para la inversión y no manejar al país “que está decreciendo cercano a menos nueve por ciento como si estuviéramos creciendo al nueve por ciento”. 

Descalificó el funcionario el optimismo presidencial cuando habla de recuperación, cuando en realidad el país sigue en picada y sin poder activar los 30 mil millones de dólares que están listos para invertir en México, por falta de certidumbre. El comentario fue en la 48 Convención del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas. 

“Sólo con certidumbre también podremos activar los 1.2 billones de pesos de la banca. Dinero disponible hay, sólo tenemos que trabajar en dar certidumbre”, dijo Romo, a quien seguramente no escucha su jefe en Palacio Nacional y al estar con los empresarios, salta su corazón empresarial, la razón. Pero en Palacio, no lo escuchan. 

Y tiene razón, el problema de México es el caudillo de Macuspana, quien lejos de respetar las reglas, las violenta a cada momento y quiere dirigir la inversión como él quiere. Lo más reciente, “que pongan cerveceras en Tabasco o Chiapas”.  

O cuando no le parece violando incluso normas internacionales, finiquita contratos, cancela obras en ejecución (NAIM y proyectos de energía e industriales) y con ello genera inestabilidad, desconfianza nacional e internacional. Por eso no hay inversión privada como reconoce Romo Garza. 

Tras esa declaración que sin duda le costará un nuevo regaño del mesías tropical, Garza muestra su preocupación por que la evaluación positiva de calificadoras como Fitch Rating, se vaya a la basura y se pierda la oportunidad de salir pronto de la crisis económica en que nos encontramos –además de la de salud y seguridad-, con la inyección de inversiones privadas. 

Y es que la aparente recuperación de empleo, es mínima y de menor calidad, y se verá más afectada, al igual que la subocupación con la iniciativa de eliminar el outsourcing que resultó una bofetada para el sector privado y también oficial, ya que no podrán contratar a todos los que hoy dan servicio público desde empresas particulares. 

De hecho, la dizque recuperación, proviene de la necesidad de la población por salir a la calle a buscar qué comer, especialmente en el área de industria subsidiaria de la exportación, pero la destinada a bienes y servicios para el país, va a la baja. Una señal clara es que la adquisición de equipos reporta una nueva caída. Incluso los gobiernos federal y locales continúan el recorte de personal. 

En el segmento de la construcción el mismo Inegi reporta “síntomas graves” ya que el declive alcanzó 17.2 por ciento a septiembre. La misma institución advierte que en términos anualizados, la caída con todo el dizque repunte de julio, está hoy en menos 30 por ciento en relación al año pasado. 

Lo peor es que el Instituto advierte un proceso muy agresivo de desaceleración por la caída en la compra de equipos y la falta de inversión en obra nueva, situación que incluso podrá acentuarse cuando otra de las decisiones del profeta de Palacio Nacional se ponga en marcha y es la entrega directa de dinero para construcción de vivienda a derechohabientes del Infonavit.  

En suma, se ve una resistencia muy marcada de la iniciativa privada nacional y extranjera para invertir, tan es así que las obras del lopezobradorismo, carecen de inversión particular y se realizan casi al cien por ciento con recursos fiscales que se distraen de áreas importantes como salud y seguridad. Para colmo, lopitos ensordece ante reclamos de organizaciones productivas, ya sean gremiales, empresariales, de la sociedad civil y hasta de los suyos. 

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