Miguel Ángel López Farías  

No nos engañemos, el presidente de México envió la peor señal que cualquier líder pudo haber montado en medio de un tsunami pandémico, el aseverar que no pasaba algo, que “su fuerza moral” daba para despreciar la mortal entrada del Covid-19, resistirse a usar cubrebocas elevó en el gran campo de la ignorancia la idea de que efectivamente “no pasaba nada”, uso y señal que fue entendida por muchos como la bandera verde para continuar en una normalidad que hoy arroja más de cien mil muertos, en algún momento de la historia se tendrá que escribir sobre esto, sobre el día que el presidente determinó aplicar la eutanasia a los más pobres, a sus gobernados. 

¿Se pudo evitar que la montaña de infectados y muertos fuera menor? no tengo duda, pero en la disertación viene la peligrosa idea de cuestionarnos sobre el nivel de responsabilidad de un jefe del ejecutivo que sigue siendo muy poderoso y que cuenta con un aparato de propaganda y medios de comunicación haciendo comparsa de sus acciones, y ese solo hecho eleva una muralla de impunidad en la cual muy difícilmente veremos a alguien de ese nivel rendir cuentas por sus actos.  

Los muertos ahí están, y nos debería doler a todos, pues aunque es cierto de que el virus vino de China, ha sido en este país en donde se le dio pasaporte de turista y se le abrieron las puertas desde las primeras horas de la crisis, al grado tal que fue recibido con besos y abrazos y no con recias medidas de estado en donde el primer ciudadano, el presidente de la República, lo atajase con toda la seriedad que el caso ameritaba, hoy, cien mil hogares están de luto y esto, aceptando que las cifras oficiales sean honestas, de lo contrario estaríamos ante el holocausto nacional, y perdóneme , desde las mañaneras, en los primeros días de esta pesadilla se nos dijo que no pasaba nada.  

A poco más de ocho meses de una cuarentena que rompe con toda lógica, vemos como penosamente, una ex estrella de la 4T, Hugo López-Gatell, se mimetiza en su jefe y decide pelearse con los medios de comunicación y es inútil repetir el gazapo del epidemiólogo, pero no hemos sido los periodistas los que decretamos el desastre, puesto que no fuimos nosotros los que dejamos sobre la pared de los mensajes el “no usen cubrebocas” que imprimió su jefe. 

Hoy todos sabemos que se debe usar, a pesar de que el hombre que más aparece en televisión no lo haga, pero tanto el doctor Gatell, como su jefe, el inexistente Alcocer o el mismo mandatario no han dicho algo que nos debería llenar de miedo, que la pandemia sigue y que no saben realmente qué hacer con ella, que los cien mil muertos podrían convertirse en 200 mil o medio millón a este ritmo y que sencillamente el gobierno ya fracaso, puesto que no supo y no sabe qué otra cosa hacer, más que tratar de desviar la atención de una enferma sociedad mexicana. 

¿Enero, febrero a mediados de año? para que fecha le gusta que estaremos llorando por lo que se resisten a aceptar: que son un desastre y que México vive y vivirá una pesadilla inenarrable anote esta fecha, después recordaremos lo que aquí se ha dicho. A ver qué tan buena memoria tenemos.

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