Rafael H. Rivera Puebla

Los servicios de atención prehospitalaria se han visto como una “papa caliente”, por las autoridades de los tres niveles de gobierno en todo el país, siendo esta una necesidad de gran importancia y delicada por su naturaleza, ya que implica la probabilidad de sobrevivencia de las personas que han sufrido un cambio súbito de su estado de salud o un accidente.

Durante muchos años, la autoridad había dejado en manos de los grupos voluntarios el manejo y atención de los accidentes carreteros y urbanos, reduciendo la capacidad de respuesta de los servicios gubernamentales a un mínimo menos que indispensable.

En la Ciudad de México, en la segunda mitad de los años 70´s y principios de los 80´s, se dieron grupos con un gran compromiso de atención como Escuadrón SOS, Rescate DIF, ERYEM, Cruz Ambar, Rescate UNAM, Comisión Nacional de Emergencias e incluso Rescate PRI entre otros.

Hubo otros cuya actuación en las atenciones dejaban mucho que desear, ganaba más “la calentura” del servicio, que la calidad de la misma, complicando en gran medida la condición de las lesiones que presentaban las personas.

Los servicios se convertían en toda una aventura, unidades recorriendo a gran velocidad para “ganar” los servicios, dándose incluso pleitos entre grupos para “reclamar” la atención y el traslado.

A la par, la Cruz Roja, mantenía su posición como prestadora del servicio, recordando cada año, su condición que la alejaba del servicio público por ser una IAP, pero cercana a la protección del mismo gobierno y por otro lado, unos servicio gubernamentales incipientes como el que prestaba ERUM, dependiente, hasta la fecha de la seguridad pública, hoy Secretaría de Seguridad Ciudadana.