Tónico Sónico / La desconexión vital de Jonathan Wilson

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Sí, este mundo está ardiendo / ¿Pero no te sientes increíble? / Susúrrame en el oído / y dime lo que ves en las llamas

Over the Midnight/Jonathan Wilson

Jesús Serrano Aldape

Y Jonathan Wilson optó por desafiar esta época moderna en que buscamos satisfacción inmediata entregando Rare Birds (Bella Union, 2018), un disco de larga duración que hay que escuchar con el mood adecuado, paciencia de santos y un verdadero deseo de fugarnos de la realidad.

En uno de los temas, Over the Midnight, su voz, suave y reconfortante, entra hasta el minuto 1:45, cuando los sintetizadores y máquinas de percusión ya han creado el ambiente de travelogue (la canción como viaje de ida y venida) en nosotros: esa repetición y ciclo sonoro que simula movimiento y dinámica, que es grato como para engancharnos y que nos intriga porque queremos saber a dónde irá a parar el ciclo.

Portada del disco.
Portada del disco.

Es como si Wilson quisiera dejar que nos acostumbremos a ese grama sonora, que por otro lado es un deleite. Como si nos dejara llegar a pensar que la canción no es más que ese bello sentimiento repetido ad infinitum. Y cuando entra la voz de Wilson, ya conocemos a lo que aspira esa canción: a quedarse con nosotros sin que nos preocupemos por el tiempo que ha transcurrido.

Es como detener por un momento la ansiedad que acompaña a un gran porcentaje de la población mundial, siempre esperando que “pase algo”, ¡pero rápido!, porque no tenemos tiempo y necesitamos saber qué va a pasar, para poner nuestro emoji de “duh! ” y proseguir (¡pero rápido!) a la siguiente recompensa inmediata y con el menor esfuerzo.

El hippie que se parece a Cristo

Jonathan Wilson (Carolina del Norte, Estados Unidos, 1974) es un digno representante y preservador del sonido de Laurel Canyon, en California, y es mejor conocido por producir a Father John Misty y tocar en giras como guitarrista y vocalista del mismísimo Roger Waters.

En su disco de 13 canciones y 77 minutos de duración nos dice que debemos dejarnos llevar de su mano, que el tiempo no importa un ardite y que es hora de relajarse y dejarse seducir por su música, no siempre sencilla, no siempre tranquila; un viaje distinto en cada canción.

Es por ello, quizás, que el track homónimo del disco, Rare Birds, nos llega con toda la carga “seria” del concepto de espíritu libre de su autor, hasta pasados 28 minutos y 9 segundos del inicio del disco.

Es por ello que en 49 Hairflips, este genial hippie sofisticado no se inmuta cuando dice: “Deberíamos coger enfrente de ellos, sólo para mostrarles nuestra luz”; o cuando expresa, como si fuera uno de esos sacerdotes angelinos vestidos de blanco de religión alternativa, en Theres’s a Light, que “hay una luz que brilla” sobre de él y después de los coros, juraríamos que estamos en una iglesia new age.

De esperarse de un cantante que se mofa de que le hacen ver de cuando en vez su parecido con el Cristo canónico, y se lo toma a broma y compone canciones sobre ello.

Es por eso que si el estado “cool” no está en nosotros, si aún pensamos en disecar vivo al maldito jefe coreano, no vamos a entender el viajesote que propone Wilson cuando comienza el disco con las filosas guitarras de Trafalgar Square y finaliza con aquella balada en oleadas que es Mullholland Queen, allá, a 77 minutos de haber iniciado su disertación.

Y les digo, mi ansiedad es porque en lo que dura este disco (¡77 minutos!), hubiera visto dos o tres capítulos de una serie en Netflix; o hubiera hecho una rutina completa de ejercicio (sí, ajá…). Hubiera avanzado dos clases en mi curso de Crehana para ser más “productivo”; o agarrado “algo” en Tinder:

https://www.huffpost.com/entry/77-minutes-tinder_n_6082468

Pero en ese tiempo, Wilson nos conectó con un disco que en cada canción aborda una vibra musical distinta, siendo el hilo conductor sólo el desconectarnos de la realidad y como buenos hippies, hipsters o lo que diablos seamos en estas raras épocas, que entendamos la importancia de la música como la evasión necesaria que nos propone y de paso, una serie de conceptualizaciones que nos llevan a reflexionar.

Viaje de vuelta

Lo que nos hace regresar a Over the Midnight. De hecho, todo esto lo he pensado en el intervalo de tiempo que tarda Wilson en entrar a cantar, cuando el artista ya ha definido el viaje.

Y es por eso que para un creador de verdad el tiempo que se toma en poner el escenario es tan importante. Como iba diciendo, cuando la voz dulce de Wilson llega, o ya estamos anestesiados para lo que nos va a inocular, o ya corrimos a sentir el airecito de nuestra Rosa de Guadalupe en su lugar.

Y de eso se trata, ya nos puso en un estado ideal, estamos volando:

Viajamos sobre la media noche

Sostenemos nuestros corazones

estamos en vuelo

Y nuestros zapatos bien podrían ser clavos

En nuestras mentes tocamos 1000 hermosas canciones (para nosotros)

Y no hay nada aquí que pueda ser salvaje

no hay miedo, no hay odio, no hay asesinos, no hay armas

Es el estado ideal, y aunque Wilson proceda a describirnos un poco del propio Los Ángeles sórdido, la misma ciudad que la banda Tool pide, en un famoso disco del pasado, que Dios la desaparezca en su carácter de moderna Gomorra, el autor nos dice de esa forma tan amigable y característica:

Sí, este mundo está ardiendo

¿Pero no te sientes increíble?

Susúrrame en el oído

y dime lo que ves en las llamas

Wilson nos cuenta el entusiasmo que siente al ver a su acompañante en camisa polo, pero enfatiza que se ve más rompedora en rosa. Y no se equivoquen, porque la idea es que podría ser cualquier cosa lo que nos aliente, ese es el punto de la canción y del disco. Y la secuenciadora prosigue el viaje musical con él, hasta que el ritmo llega al clímax con la voz y los efectos que nos hacen imaginarnos llegando a la cúspide.

Con tiento nos va deslizando luego hacia el final, con cada fase de la canción, seguida de un entusiasta “aha”, en trance de elevación, facilitado por los efectos de estudio que confeccionó como orfebre durante semanas en su estudio Bella Union.

Y luego el final con el piano, para guiar todo lo implementado a un descenso de las alturas, en tonos pastel: ánimo cándido y gentil para enfrentar el cruento mundo que nos tocó, con la certeza de que la música de Jonathan Wilson nos acompañará en el viaje. Y el jefe coreano ha quedado desterrado de nuestra mente… al menos por un rato.

Escucha aquí la relajante Over the Midnight de Jonathan Wilson:

Y acá el disco completo, puesto en YouTube por el mismo Wilson:

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