Orbitando entre los hallazgos ambientales de las músicas electrónicas y los sonidos analógicos, el músico británico ha creado una obra rica en propuestas sonoras

Jesús Serrano Aldape

La mejor descripción del músico Leo Abrahams la dio ya el famoso productor Brian Eno, quien cuenta que una vez entró a una tienda de instrumentos en Notting Hill, en el Oeste de Londres, y vio a un guitarrista probando una guitarra. Una escena que el legendario pionero del ambient ya había visto muchas veces.

“Lo vi probando una guitarra, y es al primero que he visto que no estaba tocando Stairway to Heaven (la más famosa canción de Led Zeppelin), así que pensé que debía ser muy bueno”, bromeaba Eno en 2008. Y no se equivocaba, pues Leo Matthew Abrahams (1977, Camden, Londres) es un alumno de la Real Academia de Música de Inglaterra, con formación formal de músico de cámara, hasta que decidió que eso no era lo suyo y apuntó su carrera hacia otro rumbo.

Eno lo invitó a colaborar con él en Drawn From Life, proyecto con el productor de música electrónica Peter Schwalm, descubriendo una conexión intrínseca entre ambos, amantes de la música creadora de una atmósfera. Y para Leo el conocer al padre del ambient fructificó de maneras inusitadas en su obra, pues le dio un rumbo al cúmulo de ideas que venía expresando a cuentagotas.


Abrahams en el estudio de grabación.

Es Abrahams desde entonces, un aliado importante para la obra tanto de Eno como de los amigos de Eno, que de ahí se fueron sucediendo en su hoy impactante currículum vitae. A la inspiración y virtuosismo de Abrahams pertenece el sutil solo de guitarra de Caught Between,  https://youtu.be/QZUCI51e8fc del brillante Another Day On Earth (2005) del mismo Eno, recordado por ser el primer disco en el que el legendario artista cantaba en 20 años.

Y también a él pertenece la locuacidad, guitarras y proyección de la pegajosa Strange Overtones, https://youtu.be/-L7IdUqaZxo del disco de David Byrne con Brian Eno, Everything That Happens Will Happen Today (2008), composiciones que demuestran su talento musical y cómo su creatividad está a la par de las visiones estéticas de estos dos gigantes.

Desde entonces, Abrahams ha colaborado con Grace Jones, Seun Kuti, Nick Cave, Paul Simon, Florence and the Machine, Annie Lennox, Marianne Faithfull, Badly Drawn Boy, Pulp, Wild Beasts, Karl Hyde, Brett Anderson (frontman de Suede), Starsailor y un largo etcétera.

Además ha desarrollado una carrera como creador de bandas sonoras para películas, con nueve scores a su cuenta, incluyendo la coautoría (junto a Eno) de la música incidental para el largometraje The Lovely Bones (2009), de Peter Jackson.

Abrahms se hizo de un nombre como músico de sesión, colaborador, arreglista, conductor, productor, pero su propia obsesión creativa no comenzó a fructificar sino hasta que produjo su primer disco como solista, Honeytrap (2005) en donde se reflejó su predilección por los sonidos analógicos, prefiriendo las texturas ambientales generadas por los acordes de guitarra y rechazando las técnicas de sintetizador que hicieron famoso a su ahora mentor Eno.

Desde entonces, Abrahams ha lanzado al mercado nueve álbumes, siendo el más reciente Daylight, aparecido en 2015, ya intentando otras técnicas de estudio y con un abanico más grande de sonidos a su disposición. Su carrera como solista está en un largo sabático en la actualidad y desde entonces se ha dedicado a la colaboración y la producción.

Él produjo el álbum Remember Us To Life (2016) de Regina Spektor, así como la programación electrónica del más reciente trabajo de Alison Godfrapp, Silver Eye (2017). Su más reciente rol como productor apareció este año, cuando produjo Diviner de Hayden Thorpe, vocalista de los recién separados Wild Beasts.  

La nieve de primavera

Para su disco The Grape and the Grain (2008), es notable la referencia a la extensa tradición del folk inglés, con guitarras acústicas que se mezclan con violonchelo, violines, el laúd medieval y efectos de guitarra eléctrica que le dan una textura sonora a las composiciones alejadas del arreglo computarizado, ya que lo analógico y cómo esto se mezcla con el timbre de los instrumentos tradicionales, son algunos de los derroteros más explorados por su música, con resultados muy satisfactorios al oído.

Portada del disco.

The Grape and the Grain es como el sonido de maderas enlazado en espíritu con hallazgos de la música electrónica en una suerte de danza constante, meditativa, reflexiva, en un tema que se corresponde perfectamente con los 11 cortes de la obra.

De este álbum se desprende el track Spring Snow, donde una guitarra acústica orbita en una cama ambiental que se compone de tres niveles de progresión en que con los efectos sonoros de la imaginada nieve de primavera, se van uniendo a las variaciones de instrumentos, hasta llegar a un clímax anunciado; todo en un círculo en el que las instrumentaciones invitan al escucha a divagar en la estructura, en una suerte de stanza, relajándose, obteniendo un demiurgo del efecto de las composiciones ambientales electrónicas, sólo que de la mano de los instrumentos tradicionales y la pericia y concisión de la música pop, con un epílogo sentido y lleno de cadencia. Un auténtico plano llave para introducirse al trabajo de este músico de antología. 

Escucha aquí Spring Snow de Leo Abrahams:

Y aquí, el álbum The Grape and the Grain:

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