Carlos Ramos Padilla

Y vuelven los tiempos en que el hermano mayor comparte su bonanza con otras naciones más necesitadas. Pero al paso de tiempo hay muchas variaciones. Décadas atrás México ofrecía auxilio a países con problemas de hambruna, dictaduras, tragedias por fenómenos naturales o éxodos masivos. Las formas eran diferentes.

Asistencia médica o técnica, apoyo académico, asilo, créditos blandos y hasta suministro de hidrocarburos. Presumía entonces López Portillo de los “cuernos de la abundancia”. La sociedad mexicana se encontraba más equilibrada con una sólida clase media, programas de asistencia popular, instituciones ejemplares, un presidencialismo fuerte, seguridad pública eficiente y buena armonía con el resto del mundo.

Hoy las cosas son diferentes y no para bien. Hemos destrozado al sistema político, se han desmoronado a los partidos, el poder absoluto del presidente sólo se entiende por una absurda mayoría en los cuerpos legislativos, abundan los legisladores y gobernantes incompetentes e ignorantes, la imagen de México en el exterior está muy disminuida, los hidrocarburos mexicanos nadan entre la corrupción y la pérdida, nunca antes se habían registrado tantos crímenes y apogeo del narcotráfico.

Sumado a esto la relación con Estados Unidos es más tensa que en décadas anteriores. Allá un presidente arrogante, soberbio. Aquí, un populista que no habla inglés ni se atreve a participar en reuniones de carácter Internacional vitales para la nación. Allá un mandatario dispuesto a defender a sus conciudadanos. Aquí, un Ejecutivo Federal que descalifica a los grupos por su nivel socioeconómico, enfrenta a los medios de comunicación e ignora abiertamente la historia del país que administra.

En fin, el caso es que nuestro gobierno ha doblado las manos y las rodillas, hoy cumplimos las órdenes del vecino norteño. Aquí se festeja la defensa de la soberanía (eso dicen). Allá se felicitan porque México está aprobando todas las disposiciones que Trump nos impuso luego de que AMLO decidiera abrir las fronteras, literalmente, a todo el mundo. Ya vimos las consecuencias de la operación de la mafia israelí en el Pedregal cuando esos extranjeros son bienvenidos pero no se revisa sus antecedentes penales y su historial criminal.

Y queda la duda si los cuerpos que aparecieron en el Ajusco corresponden a los sicarios que participaron en los homicidios de Artz y que hayan sido ejecutados para eliminar todo tipo de pistas y huellas. Pero más aún, estamos otorgando recursos millonarios en dólares a El Salvador y ahora a Honduras creando 20 mil empleos en esa región. Eso pasa mientras en nuestro territorio crece la violencia y la pobreza.

Es decir, no estamos para dar, para ofrecer o regalar, ya ni el petróleo nos beneficia con ganancias. Estamos a centímetros de caer en la recesión. Nuestro crecimiento será muy, pero muy bajo aunque se moleste el presidente con el FMI. Parece que nos hemos convertido en el sirviente de los Estados Unidos para evitar colapsos migratorios y acciones posibles de terroristas.

Y así apreciamos, apenas en un pincelazo, las variantes, enormes diferencias de cuando México era respetado y respetable, al de hoy, que el mismo presidente para sobrevivir electoralmente acusa a todos de corrupción pero no da pruebas.

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