Miguel Ángel López Farías

Se llama Esperanza, 33 años, trabajo como mesera en el bar MK,  propiedad de los hijos de Felipe de Jesús Pérez Luna, el líder del cartel de Tláhuac “el ojos”. Ella es la autora material del asesinato de los dos israelíes ejecutados en plaza Artz, Benjamín Yeshurun y Alon Azulai.

Los investigadores aun no determinan a que cartel u organización criminal pertenece Esperanza ‘N’. Dos asuntos flotan en esta historia, la primera es que de manera pública se revela la presencia y operación de una mafia judía en México, y para sorpresa tiene más de 19 años por esta tierra, y la otra es como el mundo de los sicarios ha ido en aumento, en cuanto a actividad, y como ha sufrido una devaluación en lo de los cobros, la asesina habría cobrado 5 mil pesos por matar a estos dos sujetos, y en algún punto se sabrá que hay detrás de esto.

El mayor de los temas es la impunidad con la que se llevan a cabo dichos actos, en una espiral de degradación social que ha rebasado por mucho a la Cali o Medellín de Colombia, la cual no es ni siquiera la sombra frente a estos actos de sangre que todos los días se dan en la ciudad de México, y en todo el país, por supuesto.

La impunidad es la que facilita el que una mujer u hombre asesine bajo el monto que sea, la acción de obtener una pistola es tan sencilla como ir a comprar unas aspirinas a la tienda, y no solo eso, sino que quien jala el gatillo, sabe que ocuparía la delgada barra de no pagar al cien por ciento por su crimen, esto es, que el 90 por ciento de este tipo de delitos terminan diluyéndose en los juzgados, sin realmente llegar a cumplirse , el que una persona sepa que no recibirá su castigo aumenta la brutal bolsa de que se continúen llevando a cabo.

Es lo peor que a un país le puede suceder si en el discurso sus autoridades se empeñan en vendernos que esa es su prioridad, siendo que en la realidad los hoyos por donde su fugan los castigos es tan grande que un delincuente terminara pitorreándose del rollo oficial.

Es de 20 a 50 años el castigo por homicidio dolos en la ciudad de México, pero solo el 10 por ciento de los detenidos llegaría a pagarlo, la tasa es altísima en cuanto a crímenes sin condena, ni castigo, una burla constante y una señal evidente para esos seres que por cinco mil o menos matan a quemarropa, así como el hecho de que en la ciudad de México operen bandas de corte internacional que después de que son ejecutados nos enteramos que eran buscados por todas partes mientras que ellos se dedican a tomar café o comer sin pena en alguna de las plazas más conocidas de la capital de la república.

¿Y los servicios de inteligencia? ¿Quién los sigue? ¿Quién los detiene? ¿Qué autoridad está realmente preocupada por la larguísima noche que se ha posado por nuestras cabezas? Vaya manera de comprobar que la impunidad, la corrupción y la indolencia gubernamental son las que realmente mandan en las arterias de la vida de los capitalinos.

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