Carlos Ramos Padilla

Alejandro Gertz Manero se acercó a la opinión pública a través de una conferencia de prensa y tocó temas muy sensibles que abren expectativas de poner orden y dar un duro golpe a la corrupción.

Quizá el caso más visible y esperado es el de Odebrecht en donde se presume puedan obsequiarse órdenes de aprehensión. Vemos en el extranjero que varios políticos e incluso gobernantes han sido encarcelados.

Se ha llegado a tal extremo que esto motivó el suicidio del ex presidente peruano Alan García momentos antes de ser detenido. Aquí en México se especula sobre nombres de figurines muy relevantes y acerca de una defraudación monumental.

Alejandro Gertz se encuentra en un momento crucial, fundamental. La justicia y su procuración es materia urgente y ha comentado que los rezagos en la materia no habían presentando registros tan preocupantes, vamos habló de 300 mil averiguaciones congeladas.

Conozco a Gertz Manero en pláticas formales dentro de mis espacios noticiosos como en conversaciones casuales en su oficina o en ambientes fuera del ámbito laboral. Seguí su ejercicio como secretario de seguridad pública tanto en el terreno federal en la administración del Presidente Fox, como en la local con Cuauhtémoc Cárdenas y su aplicación en la responsabilidad fue de entrega absoluta.

Recuerdo incluso como en alguna ocasión bajó de un helicóptero oficial para impedir el secuestro de las instalaciones de casetas de peaje por una serie de inconformes.

Como abogado, egresado de la Escuela Libre de Derecho, también he sostenido debates en su carácter de académico y como rector de la Universidad de Las Américas (por cierto, me gustaría saber su reacción y análisis sobre la erogación por memorándum de la Reforma Educativa). Y sabe de educación, presidió el Consejo Directivo del Centro Nacional de Evaluación de la Educación Superior A.C. (CENEVAL).

En su historial destaca haber sido el primer Secretario de Seguridad Pública Federal y hoy del primer Fiscal General de la República. No sé, confieso, si sirve a la Cuarta Transformación por estar convencido de ésta o por rechazar un sistema político que habré de decirlo, al cual sirvió.

Alejandro es dedicado y gusta de la historia y de quienes la construyeron.

Ha escrito sobre John F Kennedy, Guillermo Prieto e Ignacio Allende y vale decir, tiene autoría en un texto sobre seguridad y justicia con el recién finado Luis Maldonado Venegas. Resulta atractiva su biografía, pero hoy el país le demanda claridad en casos, muchos, inconclusos, pienso, por ejemplo en Ayotzinapa.

Sería también oportuno, dado que es un hombre de leyes, saber qué piensa de la propuesta de amnistía o la polémica integración de la llamada Guardia Nacional. El caso en concreto es que al parecer en poco o más de dos meses, la Fiscalía será generadora de información sobre procesos y averiguaciones que han detenido y frenado la credibilidad en la justicia.

Ahí tiene usted, otro ejemplo, la explosión de un ducto ordeñado en Tlahuelilpan en donde hasta el momento no hay detenidos y si muchos muertos.

Alejandro no es ambivalente ni ambiguo y sabe que ahora la mejor calificación que pueda obtener será de sus propios alumnos, a esos que instruyó para manejar con decoro las leyes que nos rigen.

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