• Desafío de la delincuencia
  • El fracaso de la inseguridad

Fernando Pérez Chávez

El desafío de la delincuencia organizada en México está claro, tras la ejecución del juez Uriel Villegas y de su esposa en Colima, así como el fracaso de la Guardia Nacional que no ha podido frenar el desbordamiento del crimen organizado que todos los días amenaza la paz y la tranquilidad de la población en el país.

Está claro que el llamado del presidente Andrés Manuel López Obrador a la delincuencia organizada de abrazos y no balazos no funciona y que los capos y sicarios le tienen tomada la medida a las autoridades encargadas de brindar la seguridad a los mexicanos, pese a que el ejército, los marinos y los efectivos de la Guardia Nacional andan en las calles.

Y como siempre sucede en estos casos el presidente Andrés Manuel López Obrador lamentó el asesinato del juez federal Uriel Villegas Ortiz y su esposa en Colima y aseguró que trabaja en conjunto con el Poder Judicial y la Fiscalía General de la República en las investigaciones sobre el caso y «castigar a los responsables», para justificar su fracaso en el tema de la inseguridad.

El juez federal Uriel Villegas Ortiz se encargaba de llevar las audiencias preliminares y órdenes de aprehensión bajo el nuevo sistema penal por delitos federales como narcotráfico, huachicol, delincuencia organizada y lavado de dinero, así que estaba en el ojo del huracán y de la delincuencia organizada.

Por otro lado, cabe comentar Villegas Ortiz que llevó casos como el traslado de “El Menchito” al penal de Jalisco, así como del caso del líder de Los Zetas, Miguel Ángel Treviño Morales, El Z-40, el de los implicados en el homicidio del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, e integrantes del cártel de Jalisco Nueva Generación, entre otros.

Finalmente, mientras el gobierno federal no haga su trabajo los delincuentes seguirán haciendo de las suyas y seguirán muriendo personas inocentes que se dedican a cumplir con su trabajo y la secretaría de gobernación, Olga Sánchez tiene el cinismo de decir que murió por hacer su trabajo y lo estaba haciendo bien, mientras el gobierno brilla por su ausencia.