Miguel Ángel López Farías

Una de las preguntas más constantes que nos realizamos en este Valle de México es el que poder sobrehumano protege a los señores del transporte de carga que a todas horas, si, escucho usted bien, a todas horas ruedan por estas calles, y recurriré al cliché de que “las mercancías deben ser trasladadas, o ¿de que otra manera se podrían hacer?”

Solo que aquí aplica aquello de que “está bien de que sean puercos, pero no trompudos”, pues si algo es claro es el hecho de que los señores de los camiones de carga se han apropiado de esta ciudad, aun y con todo nuevo reglamento de tránsito, uno que según los limitaría a circular de las seis de la mañana hasta la diez de la noche, mentira, si, usted y yo salimos a la Avenida que sea y nos ponemos a contarlos, créalo que sumaremos varias docenas de ellos.

Entremos en la dureza de las preguntas: ¡qué demonios! y ¿por qué tienen que moverse por la Ciudad? Y no me refiero a aquellos que traen productos a la capital, sino los que solo la atraviesan, o sea, que sus cargas no están destinadas para esta región, tráileres que van de paso, ¿por qué están permitidas? y lo que cuestionamos no responde a un capricho sino al más viejo y elemental reclamo de que dichas unidades son un verdadero estorbo para la circulación, que producen contaminantes por toneladas, que sus unidades obstaculizan la operación de unidades de emergencia cuando se han presentado sismos u otro tipo de desgracias, tal y como lo vimos en el 2017, el 19 de septiembre.

Es irracional el que se les permita, pero en la lógica de esta capital y Valle de México se autoriza por que sin duda son fuente de corrupción , una del tamaño de sus dobles remolques , solo así se puede entender que se simule esa falacia de que el reglamento les prohíbe moverse en avenidas y calles en ciertas horas, pero más allá, llevamos mucho tiempo la cruel suma de accidentes  que van desde el camioncito que se metió a viaducto y que se queda atorado en algún puente provocando un infernal caos vehicular, (el cual es aprovechado por los asaltantes para despojar de celulares y relojes a los conductores) hasta el tráiler que se queda sin frenos en la entrada de la México-Toluca y que deja como herencia a varios muertos prensados en sus carros.

Perdone usted, pero solo aquellos que han visto morir aplastados a alguno de sus familiares porque el chofer del camión se quedó dormido o según, sin frenos, solo esas víctimas saben de la impotencia que significa enfrentarse a los ejércitos de abogados de esas compañías que en los juzgados saben cómo embarrar las manos de jueces y ministerios públicos ¿qué sucede después?

Nada, libertad al asesino… ¿y qué me dicen ustedes de la contaminación? Las ridículas campañas de protección al medio ambiente se vienen a abajo con todo y las abusivas patrullas ecológicas, las cuales tienen por consigna morder el cuello de los particulares, pero se acobardan frente a las grandes unidades echa humo de los camiones, aquí nos hemos cansado de denunciar tales actos, pero en una Ciudad como esta valen más los acuerdos en lo oscurito que los pulmones de nuestros niños y ancianos.

Regular el transporte de carga en la Ciudad no tiene que ser este montaje, ni continuar exponiendo a todos, existen miles de ejemplos en otras urbes en donde se puede llegar a equilibrios, sin abusos y sin mancha de corrupción, pues es evidente de que el poder de hacer lo que se les pegue la gana viene del poder de la billetiza que sueltan los propietarios de estas armas de destrucción masiva.

Y si dichos argumentos fuesen una locura, que nos expliquen el por qué contaminan, estorban, alentan la circulación y llevan un brutal récord de accidentes y muertitos en su cofres, digo, la Ciudad es a ratos un infierno, con condenas de sufrimiento a millones de seres humanos, y para que los castigos terrenales se cumplan tenemos a estos verdugos del volante, los cuales no niega, que muchos de ellos, utilizan el peso y volumen de sus unidades para proyectar complejos de superioridad o alguna variante de rencor social.

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