Miguel Ángel López Farías

Después de lo Culiacán lo advertimos, comenzó la noche más larga para la administración de AMLO, distintas encuestas ya mostraron números que lo dan hacia la baja, un grueso de la población ha calificado como pifia lo sucedido en Sinaloa, el mayor conflicto para la presidencia es tratar de explicar sobre lo ya explicado, ” hechos bolas”, así se encuentran, y el signo de que no saben cómo salir de esa camisa de once varas que habíamos advertido es que se ha dado una nueva confrontación entre el presidente y los medios de comunicación.

Hoy, la mayoría de los medios de comunicación dan cuenta de los regaños presidenciales, del enojo del mandatario, y que si bien, esa frustración puede ser entendida bajo la luz de las decisiones que como jefe de Estado debe realizar para preservar el bien de las mayorías, pues no se nos debe olvidar que en Culiacán se desactivo un posible escenario de matazones en contra de población civil debido a la captura de Ovidio.

Hasta ahí, el que AMLO decidiera ordenar la liberación del hijo del Chapo, podría justificarse, pero a estas alturas ese no es el problema, sino la seria de inconexiones entre las versiones que los que operaron dicha acción y que en el cruce de datos ya no coinciden, otra vez, el presidente voltea la mira hacia los reporteros que cubren la fuente, fustiga y acude a la historia para citar a Madero y aquello de que muerden la mano del que les quito el bozal.

Para quien haya estudiado, leído siquiera la vida de Gustavo Adolfo Madero, hermano de Francisco Ignacio, sabrá y bien el final trágico que recibió de manera injusta en la ciudadela, en donde fue molido a golpes y sacado el único ojo que le quedaba, Gustavo era tuerto, y la cita sobre la mano y el bozal hace referencia a aquellos que sin ser periodistas necesariamente traicionaron a su hermano, Gustavo hacía referencia no solo a algunos periódicos de la época, sino, principalmente a militares que durante el porfiriato no gozaron de las canonjías de sus altos mandos.

Pero hay más, Gustavo fue el que advirtió a su hermano Francisco de evitar incluir en su gabinete a muchos parientes o socios de Porfirio Díaz, lo que al final de todo provocaría que esos personajes atados a más de lo mismo, terminaran traicionando a su hermano, el presidente de México, Gustavo fue insistente en decirle a Pancho que no confiará en Victoriano Huerta, que lo aprisionará, pero Francisco jamás hizo caso de los consejos de su propia sangre.

Vamos, Gustavo Adolfo no solo hizo mención de aquello de morder la mano que quito el bozal, sino que fue el hombre que más insistió en que Francisco se deshiciera de todos aquellos que, esbozados, habían brincado del porfirismo al maderismo sin pagar por sus acciones de corrupción y excesos.

¿Le suena?, la trampa de Culiacán ha abierto un delicado frente para el mandatario, pelearse con los medios no es la respuesta, liberar que en las redes se muestren las fauces de los pejebots no ayuda en estos momentos a fijar una ruta sana para los mensajes entre el poder y la sociedad, se insiste en que lo de Culiacán puede ser entendido desde la zona de decisiones que solo competen a un jefe de Estado, pero ahí radica el problema, en que se está afianzando la idea de que el jefe del ejecutivo no estaba o no quería estar enterado de una operación que a todas luces involucraba al escritorio del presidente de México y a nadie más.

Esta novela dista mucho de terminar, el control de daños le está costando mucho al mandatario y los daños colaterales como la confusión y extrañeza entre las fuerzas armadas crece, como síntoma de que desde el poder político se les está abandonando.

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