Todo el mundo me dice que tengo que hacer ejercicio,

que es bueno para mi salud.

Pero nunca he oído a nadie decirle a un deportista:

tienes que leer

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Cuando estamos en el ocaso del sexenio de López Obrador y con el culto a la personalidad que lo caracteriza, pensaría que todos los ciudadanos estarían entregados reconociendo sus logros, pidiendo que no se fuera a su rancho, acabando su humanismo que raya en santidad, pero no, la realidad es que el país está sumido en una ola de violencia imparable y la 4T va de escándalo en escándalo.

A López le urge que se hable de otra cosa porque los temas prioritarios le lastiman su ego, no quiere hablar de la narcoviolencia, de la falta de medicamentos, de las obras inconclusas y menos, mucho menos quiere que se siga hablando del reportaje de ProPública y otros medios donde se habla de la posibilidad de que en 2006 hubieran recibido dineros de la mafia para patrocinar su campaña.

Primero que nada, el presidente López debió iniciar un procedimiento legal en Estados Unidos para limpiar su nombre, que se castigue la “calumnia”, no se trata solo del Pejelagarto, se trata de la máxima magistratura del país, esa que dice no quiere manchar con reuniones de madres buscadoras o padres de niños con cáncer, menos quiso caminar Acapulco por riesgo a las mentadas de madre.

Así que López lleva tres semanas con el tema metido en la cabeza, le dedica tiempo es su show matutino y lleva el conteo de las veces que se ha usado el #Narcopresidente, 170 millones de menciones en redes. Pero como dice, “la calumnia cuando no mancha tizna” y para cierto sector de la sociedad tiene implantado la idea y se está convirtiendo en un estigma para el que desde la mañanera ha sido la constante el ataque, la mentira y la estigmatización, le va a suceder como a los del pasado.

Pero aunque el presidente diga que el reportaje de Tim Golden le hizo lo que el viento a Juárez, bajó su aprobación un punto, aunque solo sea ese número el presidente se siente enojado, está furioso porque nada le ha resultado como él quiere.

Ahí queda el ejemplo de Felipe Calderón qué se fue con el estigma de “espurio”, calificativo que le confeccionó López después de decirse robado en el 2006, eso fue factor de división social. A la mitad de su sexenio Federico Arreola dijo que Calderón era un bebedor y así le fue, aquello se utilizó de nuevo para señalar al presidente, los que hoy son gobierno se daban gusto y hasta mantas le desplegaban en San Lázaro.

De Vicente Fox se le tachó de obediente con Martha Sahagún y fue la que terminó mandando en Los Pinos. De Peña Nieto no había día que sus torpezas lo dejaran descansar y ya con las redes sociales se convirtió en el Rey y si le buscamos en la historia encontraríamos que ninguno se salva.

Así llegamos al cierre del sexenio y aunque la popularidad y la aceptación de López puede ser positiva, para parte de la sociedad el estigma está plantado en la frente de López… pero mejor ahí la dejamos.

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