• Los otros datos no pueden desmentir al monedero de las amas de casa, ni con el incremento del salario mínimo. Los cínicos están de regreso

Gregorio Ortega Molina

He terminado por convencerme de que somos una nación de ingratos. De manera incomprensible nos negamos a aceptar que el futuro nos sonríe y estamos en el umbral de una verdadera, auténtica renovación de nuestros valores patrios, la recuperación de nuestros héroes y la posibilidad de que el bendito gobierno que nos preside, nos conduzca por el ya transitado sendero de escuelas filosóficas que creímos perdidas.

Somos un país de benditos, porque AMLO y sus discípulos, al igual que los griegos Antístenes y Diógenes de Sinope, nos abren otras ventanas para recuperar el optimismo de antaño, pues los filósofos mencionados, como el fundador de Morena -de acuerdo a lo por mí entendido de la lectura de la ficha de Wikipedia-, “reinterpretaron la doctrina socrática considerando que la civilización y su forma de vida era un mal y que la felicidad venía dada siguiendo una vida simple y acorde con la naturaleza. El hombre llevaba en sí mismo ya los elementos para ser feliz (feliz, feliz). De ahí el desprecio a las riquezas y a cualquier forma de preocupación material. El hombre con menos necesidades era el más libre y el más feliz. Figuran en esta escuela, además de los ya citados, Crates de Tebas, discípulo de Diógenes, Hiparquía, una de las primeras filósofas, y Menipo de Gadara.

“Los cínicos fueron famosos por sus excentricidades, de las cuales cuenta muchas Diógenes Laercio, y por la composición de numerosas sátiras o diatribas contra la corrupción de las costumbres y los vicios de la sociedad griega de su tiempo, practicando una actitud muchas veces irreverente, la llamada anaideia. Ciertos aspectos de la moral cínica influyeron en el estoicismo, pero, si bien la actitud de los cínicos es crítica respecto a los males de la sociedad, la de los estoicos es de acción mediante la virtud”.

El cinismo también es desparpajo, capacidad de mentir sin rubor alguno, diseñar y construir imposturas, para fomentar el engaño.

2019 cierra con esa imagen heredada de la tauromaquia. El juez de plaza que muestra con la diestra un pañuelo blanco, lo mismo para solicitar el indulto que premiar el esfuerzo del matador. Manuel Bartlett está indemne porque así lo dispuso el presidente de la República, que en esta nación lo es todo, incluso la máxima autoridad del coso taurino. A él no pueden dársele avisos, y tampoco se le puede expulsar. También faltan cinco toros para que concluya la fiesta brava de Morena.

Los 3 reyes magos nos traen una muy empinada cuesta de enero. El peso se ha depreciado en su poder de compra. No pueden desmentir al monedero de las amas de casa. Y viene el alud de impuestos, y la avalancha de más sofisticadas mentiras, para avisarnos que para vivir en paz todavía faltan más reformas, para que el cambio sea irreversible, a pesar de que toda reforma nace con su contrarreforma bajo el brazo. ¡Feliz 2020!

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