El pasado 20 de julio el multimillonario estadounidense Jeff Bezos (creador de la empresa Amazon) llevó a cabo un “pequeño” viaje al espacio, a bordo de su propia nave: el primer vuelo de Blue Origin, su compañía de viajes espaciales privados. Resulta obvio que ninguna aventura similar ha de parecernos pequeña, pero los once minutos en que Bezos y su equipo estuvieron por los aires suborbitales dieron lugar a un sinfín de debates sobre temas que resultan urgentes para nuestra actualidad.
Las misiones espaciales habían apuntado siempre a un objetivo específico: investigación aeroespacial y desarrollo de tecnología con tendencia militar. Dicho propósito fue vivido con muchas tensiones a causa de la carrera sostenida entre la Unión Soviética y Estados Unidos, pues ambos países buscaban ampliar su poderío científico al poner en órbita satélites que servirían para casi todo: conocer mejor las estrellas y los planetas, mejorar las comunicaciones, la navegación e incluso la vigilancia gubernamental y el espionaje.
Ahora, en cambio, se trata de un asunto con tintes turísticos y comerciales. Los responsables ya no son las dos potencias políticas del siglo pasado, sino tres gigantes empresarios privados: el sudafricano Elon Musk (de Tesla), el inglés Richard Branson (de Virgin Group) y el mencionado Bezos. Que este trío de magnates esté reviviendo la carrera espacial, mueve a imaginarlos como “Ícaros” modernos, sólo que en este caso quien sufre una estrepitosa caída es el resto del planeta
Al regresar a la Tierra, a Texas, con botas y sombrero vaquero, Jeff Bezos manifestó su preocupación al constatar cuán frágil es nuestro mundo visto desde el espacio y pronunció un extraño agradecimiento hacia los trabajadores y consumidores de Amazon por financiar el viaje: “ustedes pagaron por esto”.
Estas palabras resultan verdaderas en más de un sentido. No solamente porque, económicamente, el proyecto de Jeff fue financiado con las ganancias de su compañía. A esto hay que sumar el costo climático que el planeta está pagando como consecuencia de la sobreexplotación de recursos naturales, una crisis intensificada precisamente por empresas como la de Bezos.
Blue Origin, con su lema: “La Tierra, en toda su belleza, es sólo nuestro lugar de partida”, establece la promesa de conquistar el espacio para todos. ¿No sería más importante primero concentrarse en rescatar el lugar donde habitamos? La “nueva carrera espacial” parece más un síntoma de querer escapar a una realidad: en la vastedad del universo, el ser humano es insignificante, débil y pequeño, aunque sea trillonario.















