“Dalí es la droga, tómenme, porque soy alucinógeno” 

Aleinad Mina 

Salvador Dalí es como un cuento fantástico que provoca. Su vida polémica, su personalidad excéntrica, su fama artística y por supuesto sus obras, conforman un viaje al mundo Dalí, un territorio altamente creativo disfrazado de locura, cuyo encuentro puede ser nauseabundo o fascinante, pero no deja lugar a la indiferencia.  

Salvador Dalí i Domènech nació el 11 de mayo de 1904, en Figueres, Gerona. Fue un niño inquieto, mal estudiante. Tuvo un hermano mayor Salvador Galo Anselmo, murió antes de que él naciera, sus padres le pusieron el mismo nombre, aunque para resguardar el nombre de su padre. Este acontecimiento fue decisivo para su vida, Dalí mencionó que: “nos parecíamos como dos gotas de agua, pero dábamos reflejos diferentes […]Mi hermano era probablemente una primera visión de mí mismo, pero según una concepción demasiado absoluta”. El hermano de Dalí fue una sombra para el artista, pues creía que con él sus padres buscaron reemplazar la figura de su hermano muerto. 

A los doce años, Dalí se adentró a la pintura contemporánea en guía del pintor e ilustrador Ramón Pichot, quien le aconsejó tomar clases con Juan Núñez. Dos años después participó en una exposición de su localidad y otra en Barcelona. En 1921 murió su madre, para el joven artista, fue una pérdida insuperable y su padre se casó con la hermana de la mamá de Dalí. 

Ante el drama familiar, en 1922 se trasladó a Madrid para estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, se alojó en una Residencia de Estudiantes donde convivió con García Lorca, Luis Buñuel, Pedro Garfias, Eugenio Montes, entre otros artistas. Como estudiante en Madrid, pasó una serie de vicisitudes escolares y fracasos, fue expulsado de la Academia de Bellas Artes pero su trabajo artístico seguía floreciendo, y presentó su primera exposición individual. Para entonces, el joven Dalí ya había creado la poderosa personalidad que le acompañaría hasta su muerte, jugando con sus vestimentas y encontrando sus propias excentricidades.  

En 1929 Dalí colaboró con el director de cine Luis Buñuel en el polémico cortometraje Un chien andalou propio del estilo surrealista. Ese mismo año viajó a París, ahí se encontró con Pablo Picasso y Joan Miró, este último fue quien lo vinculó con el grupo surrealista, ahí conoció a su amada Gala, en aquel momento esposa de Paul Eluard. Pinta su obra más famosa “La persistencia de la Memoria”, que muestra relojes derretidos delante de un paisaje de costa. 

En el movimiento surrealista Dalí fue una figura destacada, también el surrealismo se adhirió a la falta de moralidad, de convencionalismos, y toques de “locura” que caracterizaron a Dalí. Inventó el método paranoico crítico, que con sus dobles imágenes entraba en contacto directo con el inconsciente. Su personalidad arrogante y extravagante le hizo afirmar que “la diferencia entre yo y los surrealistas es que yo soy el surrealismo”. Fue expulsado del surrealismo puesto que era un movimiento que se opuso al régimen fascista, y Dalí no compartía su postura política, además en España apoyó el régimen franquista.  

En 1940 se trasladó a los Estados Unidos, ya era un artista consolidado, su mecenas fue Edward James, pero su “amor por el oro” le hizo ganar mucho dinero trabajando en realizar publicidades para grandes marcas. 

Su última etapa la vivió en un castillo en Portlligat con su mujer, que tras un incendio se traslada a Torre Galatea, en Figueres, donde pasa sus últimos días.  

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