Aleinad Jiménez

El arte se ha redefinido bajo estas dos contingencias: por un lado, hay un concepto canónico que traza la noción de arte, por otro la circunstancia histórica hace que ciertas manifestaciones tengan un lugar dentro de esta noción. No es necesario adentrarnos a estas dos condiciones, para saber que cada vez es más complicado trazar un límite entre lo que se considera artístico y lo que no. ¿Por qué visitar un museo o una galería de arte contemporáneo puede ser una experiencia cualquiera, intrascendente e incluso se nos tacha de poco sensibles a las exigencias que nos ofrece el arte contemporáneo?

Decimos que una obra es artística cuando al tener la experiencia, el estímulo perceptivo nos produce un placer más complejo que la mera satisfacción sensible, cuando nos involucra lo emocional o lo intelectual, y nos suscita la necesidad de reflexionar. Es decir, cuando tenemos una experiencia contemplativa de un objeto que trasciende nuestra simple satisfacción y crea un diálogo íntimo con la obra. Además, no se trata de un agrado subjetivo, sino que cualquiera que la contemple tendrá esta experiencia. Puede que la obra sea o no de nuestro agrado, pero nos detona necesariamente una experiencia artística.

Ya Kant en su Crítica del discernimiento establece ciertas consideraciones sobre la estética y los juicios del gusto, sobre la concepción tradicional del arte, como el talento, la contemplación, la técnica, la distinción entre lo bello y lo agradable, ciertos valores que aparecen en la noción de arte, y que se vuelven populares en el siglo XVIII unificando estos conceptos en la noción de Bellas Artes. Al día de hoy siguen siendo vigentes para el marco que define lo que es y lo que no es arte. Esto es importante para entender el fenómeno del arte conceptual y otras manifestaciones contemporáneas.

En el campo de las artes visuales, encontramos un atentado a la esencia tradicional de entender el arte, en las propuestas del arte conceptual. Una obra de arte conceptual se centra en el aspecto formal del concepto, ésta es su justificación. No busca la contemplación sensible sino la manera en que una idea o un concepto se adecua a cualquier medio expresivo. Es decir, la obra tiene que reflejar el concepto y esto es lo que le da valor a la obra. La referencia de este tipo de obras es principalmente conceptualizaciones filosóficas, teóricas, o bien, movimientos sociales y políticos.

El arte conceptual, queda fuera de la concepción tradicional de Bellas Artes, puesto que la obra de arte conceptual tiene su esencia en la conceptualización o la idea, que se superponen al objeto físico, además de que la técnica, junto con el material que represente la idea pierden valor estético. Además, la justificación de la obra es arbitraria, pues cualquier artista que ocupe un discurso que le atribuya a la obra es suficiente, para que ese objeto se considere obra de arte. Marcel Duchamp, Yoko Ono, Piero Manzoni, Yves Klein o el mexicano Gabriel Orozco han sido importantes exponentes en esta tendencia.

La falta de talento ya es socialmente aceptada tanto en los recintos artísticos como los museos. Prueba de esto es el trabajo de Gabriel Orozco, uno de los artistas más cotizados del mercado artístico, quién además se encarga de realizar el proyecto de revitalización del Bosque de Chapultepec. Por ejemplo, para la Bienal de Venecia de 1993, Orozco decidió colocar en el piso del corredor principal una caja de zapatos vacía con la finalidad de romper paradigmas del arte convencional.

La burla y la ironía sobre las concepciones tradicionales del arte, que se hacen deliberadamente para señalar de manera específica lo que pasa en el mercado del arte, es una concepción que ha tenido éxito en el arte conceptual. Sin embargo, hay que distinguir de los que su discurso y su reflejo en la obra de arte es una crítica auténtica y los que tratan de imitar ese discurso.

Artistas como Marcel Duchamp e incluso Piero Manzoni con su transgresión artística de la Lata de mierda de artista, en el que como Manzoni se asumía como artista y consideraba que todo lo que salía de él era arte, así que defecó en latas que se vendieron hasta por 124 mil euros, la representación de estas latas es una clara burla del mercado del arte.

Si uno va a sus obras, contempla el contexto en el que habitan y el discurso que la sostiene, se puede generar realmente un diálogo con la obra. Es cierto que no todo el arte que está fuera del canon carece de talento artístico, pero definitivamente este horizonte ha hecho que el arte corra peligro.

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