Luis Mena Pantoja

La pandemia causada por el COVID–19 ha tenido enormes impactos en todos los ámbitos sociales a nivel mundial, que van mucho más allá del fallecimiento de miles de personas y cuantiosas afectaciones a la salud y la economía individual, familiar, nacional e internacional, por lo que sus efectos negativos se prolongarán por mucho tiempo.

En días pasados el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López–Gatell, reconoció que es probable que el país nunca regrese a la normalidad que antes conocía, y a pesar de que se había anunciado que la llamada Jornada Nacional de Sana Distancia podría concluir el próximo 30 de mayo, es evidentemente que no será así.

“Debemos acostumbrarnos a una nueva normalidad que implica saber convivir con un agente infeccioso, como es SARS–CoV–2, que produce una enfermedad de importancia individual y colectiva, debemos adaptarnos”, explicó.

En este mismo sentido, el director de Emergencias Sanitarias de la Organización Mundial de la Salud, Mike Ryan, señaló que este coronavirus “podría no irse nunca” y que existe una alta probabilidad de que se convierta en un virus endémico.

Estas adaptaciones, que configurarán la nueva normalidad, significan profundos cambios individuales y colectivos en las formas de interacción social, e incluso en la manera en la que entendemos el mundo, nos comportamos y relacionamos con los demás.

En el rubro cultural, la nueva normalidad podría implicar cambios muy importantes relacionados con la organización y asistencia a eventos culturales, espectáculos públicos, galerías de arte, museos, presentaciones artísticas e impartición de talleres culturales, entre muchos otros.

Además de los cambios de hábitos relacionados con la higiene personal –que abarcan el lavado correcto de manos y el estornudo de etiqueta–, están los relativos a la convivencia cotidiana, que deberán reducir el contacto físico, disminuir la concentración de personas en un mismo espacio y evitar los besos y abrazos.

Es claro que todas estas posibles modificaciones tendrían una notable influencia en el desarrollo de las diversas actividades culturales, que, tras las experiencias vividas en la cuarentena actual, seguramente incluirán una considerable expansión de las acciones virtuales y las transmisiones en línea.

No es complicado imaginar en este escenario la realización de estrenos de películas y posteriormente transmisiones programadas en formatos de alta resolución con sistemas de pago, lo cual podría extenderse a conciertos, festivales musicales, funciones de teatro, danza, circo y otros espectáculos, a fin de evitar las concentraciones masivas de público.

En lo que refiere a galerías de arte, museos y exposiciones, podrían visitarse mediante recorridos virtuales, a través del desarrollo de plataformas tecnológicas, que mejorarían y avanzarían paulatinamente con rumbo a la tercera dimensión.

En cuanto a los talleres, cursos y clases de actividades artísticas, tienen como una alternativa factible la enseñanza en línea, que con el paso del tiempo podría construir mejores herramientas tecnológicas y técnicas pedagógicas, así como bibliotecas virtuales, para optimizar el aprendizaje.

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