Sergio Iván

El erotismo en Occidente se encuentra a punto de morir. La causa principal es la conformación de una visión única de la historia incapaz de aceptar alteridad, misterio, transgresión e imperfección. Giovanni Verga anticipó estos síntomas en su novela Eros un siglo y medio antes de que llegásemos a esta realidad.

Por medio del hilo conductor de la vida amorosa del Marqués Alberti le son revelados al lector los tórridos momentos de desesperación de los personajes, que en algunos casos son impotentes de amar ¿por qué? por la sencilla razón que son egoístas, incapaces de desprenderse de ellos mismos (de imaginarse de otra manera). La condesa Armandi le recomienda al Marqués, “Y, sobre todo, trate de enamorarse, ¡pero con juicio, eh!, el suficiente para no perder la cabeza…”

En un entorno burgués de aparente prosperidad y con el concepto de progreso como telón, se distingue de forma velada la desritualización del acto amoroso el cual alcanzó su cúspide con el porno en nuestros tiempos. El amor, que hoy ha de ser únicamente sensaciones perfectas destruye lo sagrado del erotismo. Los actos eróticos van perdiendo color, misterio y fuerza conforme avanza la novela. Ninguno de los personajes alcanza la felicidad, únicamente buscan la autoafirmación por medio del otro, mantener su mismo estatus.

Los acontecimientos y el pensamiento actual parecen encaminar al mundo hacia el final del amor. La misma salida que fue para el Marqués Alberti tomar un revolver y silenciar todo ha llegado a nuestras manos ¿mataremos a Eros?

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