Miriam Ruíz / @olis80

La venta del avión presidencial es un tema que continúa colocando al presidente Andrés Manuel López Obrador en una posición complicada y hasta ridícula.

En la mañanera del viernes pasado dijo que una de las opciones que se contemplan para venderlo es con una rifa organizada por la Lotería Nacional.

En ella se venderían 6 millones de “cachitos” de 500 pesos cada uno con el objetivo de recaudar 3 mil millones de pesos. El ganador o ganadora del avión también serían acreedores de entre uno o dos años de servicios de operación.

Pero eso sí habría por lo menos dos reglas: Si el ganador (a) tiene intención de vender el avión tendría que hacerlo a precio de evalúo; es decir, no malbaratarlo. Y segundo, si la idea es rentarlo, deberá contarse con el respaldo de una empresa para su administración.

El Boeing 787-8 de la serie Dreamliner fue adquirido en 2012 al precio de 218 millones de dólares; es decir, 2 mil 900 millones de pesos, y sería un medio de transporte y seguridad para el presidente, su equipo y en ocasiones la prensa.

En el “José María Morelos”, López Obrador nunca estaría incomunicado como ocurrió en octubre pasado en el caso del narcotraficante Ovidio Guzmán; estaría protegido, que es una cuestión de seguridad nacional; llegaría a tiempo a sus destinos y dejaría de causar caos en los aeropuertos con su presencia.

En cambio, por una cuestión política y de capricho el avión presidencial es todo un problema que genera pérdidas económicas. Tan sólo en el 2018, cuando fue trasladado a San Berdardino, California, generó gastos de 28 millones de pesos en 13 meses.

López Obrador está acostumbrado a hacer su voluntad sin entender razones y sin respetar a los otros Poderes de la Unión, como cuando fue jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal y “regaló” 30 mil metros cuadrados de la Plaza Mariana al arzobispo primado de México, Norberto Rivera, para que éste hiciera sus negocios personales, a cambio del apoyo de la Iglesia Católica en su campaña presidencial.

En esta ocasión no busca apoyo de los poderosos, busca mantener la simpatía de la clase media y baja, de aquellos que creyeron en él, vaya es cuestión de imagen…

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