Enrique Escobedo

El revisionismo fue un estigma implementado por los líderes del Partido Comunista Soviético y reproducido por miembros de ese Partido en todo el mundo, a fin de sostener que las ideas y teorías fundamentales de Carlos Marx ya no requerían ser objeto de estudio, ni de crítica y que era innecesario e injustificado revisarlas. Aún más, quien lo sugería era tratado como un traidor a dichas ideas y a sus intérpretes, pues dichos dirigentes se sentían la representación “pura” del marxismo.

Ese dogma ideológico y la incapacidad de los líderes de entender y adecuarse a los cambios históricos es parte fundamental que nos explica algunos de los motivos del fracaso del socialismo real en los países europeos.

Los cambios científicos, tecnológicos y sociales que el mundo ha vivido desde que Marx escribió El Capital son impresionantes y, en efecto, pueden y deben ser estudiados desde la perspectiva del materialismo histórico, pero de ninguna manera deben ser análisis encajonados y esclerotizados bajo aquel purismo unidimensional de los líderes de los partidos de izquierda. Sobre todo, porque la crítica al modelo capitalista, hoy llamado neoliberal, es fundamental para entender muchos de los fenómenos económicos y financieros globales.

Sin embargo, pareciera que muchos de esos líderes de los partidos de izquierda, sobre todo en América Latina insisten en ser los únicos que poseen la verdad y descalifican con desdén y autosuficiencia a todos aquellos que no piensan como ellos. En otras palabras, vemos el resurgimiento de la nomenclatura, una lista o relación de nombres de miembros del Partido Comunista Soviético con responsabilidades en el aparato burocrático que se apoderaron de la Administración Pública y se convirtieron en la élite del poder en la Unión Soviética.

La formación ideológica de los cuadros de izquierda militante en los partidos políticos requiere, desde mi punto de vista, el sentido crítico y autocrítico de lo que significan las izquierdas hoy en día y, sobre todo, del entendimiento de que la democracia ha demostrado más y mejores cualidades que la Dictadura del Proletariado. Es decir, la democracia conlleva las libertades tales como los derechos humanos, la libertad de prensa, de manifestación y libre expresión de las ideas.

No es cómodo para los gobiernos democráticos ser objeto de crítica, de escrutinio y de mofa. Pero si son democráticos sabrán defender esas libertades y, en su caso, ensancharlas; pues los valores de esos gobiernos deben ser reflejo de la sociedad. Consecuentemente, deben ser congruentes. Pero si a esos gobernantes les irrita la crítica y la descalifican con etiquetas pueriles tales como las de defenderse descalificando al de enfrente como conservador, lo que estamos viendo es un desprecio de la altura, cualidad y significado de la democracia y notamos el renacimiento de ese purismo unidimensional de las razones de Estado.

Peligroso, muy peligroso que resurja la doctrina de que sólo el gobierno posee la verdad, que descalifique a los movimientos que son ajenos a su control y que estigmatice a sus críticos de revisionistas o conservadores, pues así empezaron los campos de trabajo forzados o gulag y las purgas o asesinatos a quienes pensaban diferente.  

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